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	<title>Isla Tortuga</title>
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	<description>Un blog de Nuria Vila: Cine y revolución. Arte político. Antropología.</description>
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		<title>Isla Tortuga</title>
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		<title>Walter Benjamin: el autor como productor (1934)</title>
		<link>http://islatortuga.wordpress.com/2009/12/09/walter-benjamin-el-autor-como-productor-1934/</link>
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		<pubDate>Wed, 09 Dec 2009 00:49:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nu</dc:creator>
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		<category><![CDATA[arte activista]]></category>
		<category><![CDATA[ARTE POLÍTICO]]></category>
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		<description><![CDATA[Un texto imprescindible para pensar las relaciones arte-política a pesar de ser del 34 y de estar pensado para los autores literarios.

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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:left;">Un texto imprescindible para pensar las relaciones arte-política a pesar de ser del 34 y de estar pensado para los autores literarios.</p>
<blockquote>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><em>Se            trata de ganar a los intelectuales para la clase obrera, haciéndoles            tomar conciencia de la identidad de sus diligencias espirituales y de            sus condiciones como productores.</em></span></p></blockquote>
<blockquote>
<p style="text-align:left;"><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;">Ramón            Fernández</span></p>
<p style="text-align:left;"><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
</span></p>
</blockquote>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> </span></p>
<p>Ustedes recuerdan cómo Platón, en el proyecto de su Estado,            procede con los poetas. En interés de la comunidad les prohíbe            que residan en él. Platón tenía un alto concepto            del poderío de la poesía. Pero la tuvo por dañina,            por superflua, bien entendido que en una comunidad perfecta. Desde entonces            no se ha planteado a menudo con la misma insistencia la cuestión            del derecho a la existencia del poeta; pero hoy sí que se plantea.            Sólo que raras veces en esa forma. Pero a ustedes todos les resulta            más o menos habitual en cuanto cuestión acerca de la autonomía            del poeta: acerca de su libertad para escribir lo que quiera. No son            ustedes proclives a aprobar esa autonomía. Creen que la actual            situación social le obliga a decidir a servicio de quién            ha de poner su actividad. El escritor burgués recreativo no reconoce            tal alternativa. Ustedes le prueban que trabaja, aun sin admitirlo,            en interés de determinados intereses de clase. Un tipo progresista            de escritor reconoce la alternativa. Su decisión ocurre sobre            la base de la lucha de clases, al ponerse del lado del proletariado.            Se ha acabado entonces su autonomía. Orienta su actividad según            lo que sea útil para el proletariado en la lucha de clases. Se            acostumbra decir que persigue una tendencia.</p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Ya tienen            ustedes el término en torno al cual se mueve desde hace tiempo            un debate que les es familiar. Les es a ustedes familiar, y por eso            saben qué estérilmente ha discurrido. Esto es, que no            se ha librado del aburrido “por una parte, por otra parte”;            por una parte ha de exigirse de la ejecución del poeta la tendencia            correcta, y por otra parte se está en el derecho de esperar calidad            de dicha ejecución. Esta fórmula es, desde luego, insatisfactoria            en tanto que no nos percatemos de cuál es la interconexión            que existe entre ambos factores, calidad y tendencia. Naturalmente,            se puede decretar esa interconexión. Se puede declarar: una obra            que presente la tendencia correcta, no necesita presentar otra calidad.            Pero también puede decretarse: una obra que presente la tendencia            correcta, debe necesariamente presentar cualquier otra calidad.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Esta segunda            formulación no es ininteresante, más aún: es correcta.            Yo la hago mía. Pero al hacerlo, rechazo decretarla. Esta afirmación            debe ser probada. Y para intentar esta prueba reclamo su atención.            Quizá objeten ustedes que se trata de un tema en verdad especial,            incluso remoto. ¿Y con prueba semejante quiere usted favorecer            el estudio del fascismo? Eso es lo que de hecho me propongo. Puesto            que espero poder mostrarles que el concepto de tendencia, en la forma            sumaria en que generalmente se encuentra en el debate al que acabamos            de aludir, es un instrumento por completo inadecuado para la crítica            literaria política. Quisiera mostrarles que la tendencia de una            obra literaria sólo podrá concordar políticamente,            si literariamente concuerda también. Es decir, que la tendencia            política correcta incluye una tendencia literaria. Y añadiremos            en seguida: esa tendencia literaria, contenida de manera implícita            o explícita en cada tendencia política correcta, es la            que constituye, y no otra cosa, la calidad de la obra. Por eso la tendencia            política correcta de una obra incluye su calidad literaria, ya            que incluye su tendencia literaria.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Esta afirmación            espero poder prometerles que pronto quedará más en claro.            Por el momento excluyo que pueda para mi consideración escoger            otro punto de partida. Parto del estéril debate acerca de la            relación en que estén entre sí tendencia y calidad            de la obra literaria. Hubiese podido también partir de otro debate            más antiguo, pero no menos estéril: en qué relación            están forma y contenido, y especialmente en la literatura política.            Este planteamiento del asunto está desacreditado; y con razón.            Pasa por ser un caso típico del intento de acercarse a los complejos            literarios adialécticamente, con rutina. Bien. ¿Pero cómo            es entonces el tratamiento dialéctico de la misma cuestión?<br />
El tratamiento dialéctico de la cuestión, y con ello llego            a nuestro asunto, nada puede hacer con cosas pasmadas, aisladas: obra,            novela, libro. Tiene que instalarlas en los contextos sociales vivos.            Con razón declaran ustedes que esto es algo que se ha emprendido            repetidas veces en el círculo de nuestros amigos. Es cierto.            Solo que al hacerlo se ha caído con frecuencia en lo grandioso,            y, por tanto, necesariamente, también a menudo en lo vago. Las            relaciones sociales están condicionadas, según sabemos,            por las relaciones de la producción. Y cuando la crítica            materialista se ha acercado a una obra, ha acostumbrado a preguntarse            qué pasa con dicha obra respecto de las relaciones de la productividad            de la época. Es ésta una pregunta importante. Pero también            muy difícil. Su respuesta no siempre está a cubierto de            malentendidos. Y yo quisiera proponerles a ustedes ahora una cuestión            más cercana. Una cuestión que es más modesta, que            apunta algo más corto, pero que ofrece, a mi parecer, más            probabilidades en orden a una respuesta. A saber, en lugar de preguntar:            ¿cómo está una obra respecto de las relaciones            de producción de la época; si está de acuerdo con            ellas; si es reaccionaria o si aspira a transformaciones; si es revolucionaria?;            en lugar de estas preguntas o en cualquier caso antes que hacerlas,            quisiera proponerles otra. Por tanto, antes de preguntar: ¿en            qué relación está una obra literaria para con las            condiciones de producción de la época?, preguntaría:            ¿cómo está en ellas? Pregunta que apunta inmediatamente            a la función que tiene la obra dentro de las condiciones literarias            de producción de un tiempo. Con otras palabras, apunta inmediatamente            a la técnica literaria de las obras.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><span id="more-162"></span></span><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;">Con el            concepto de la técnica he nombrado ese concepto que hace que            los productos literarios resulten accesibles a un análisis social            inmediato, por tanto, materialista. A la par que dicho concepto de técnica            depara el punto de arranque dialéctico desde el que superar la            estéril contraposición de forma y contenido. Y, además,            tal concepto entraña la indicación sobre cómo determinar            correctamente la relación entre tendencia y calidad, por la cual            nos hemos preguntado al comienzo. Si antes, por tanto, nos permitimos            formular que la tendencia política correcta de una obra incluye            su calidad literaria, porque incluye su tendencia literaria, determinamos            ahora con mayor precisión que esa íntima tendencia de            consistir en un progreso o en un retroceso de la técnica literaria.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Seguro            que está en su sentir que salte ahora, sólo en apariencia            sin mediación alguna, a circunstancias literarias muy concretas.            A circunstancias rusas. Quisiera que se fijasen ustedes en Sergei Tretiakow            y al tipo, que él define y encarna, de escritor “operante”.            Este escritor operante da el ejemplo más tangible de la dependencia            funcional en la que, siempre y en todas las situaciones, están            la tendencia política correcta y la técnica literaria            progresiva. Claro que sólo un ejemplo, otros me los reservo.            Tretiakow distingue al escritor operante del informativo. Su misión            no es informar, sino luchar; no jugar al espectador, sino intervenir            activamente. Determina tal misión con los datos que proporciona            sobre su actividad. Cuando en 1928, en la época de la colectivización            total de la agricultura, se lanzó la consigna “Escritores            a los koljoses”, Tretiakow partió para la comuna “El            faro comunista” y, durante dos largas estancias, acometió            los trabajos siguientes: convocatoria de los meetings de masas; colecta            de dinero para los pagos de los tractores; Persuasión de campesinos            para que entrasen en los koljoses; inspección de las salas de            lectura; Creación de periódicos murales y dirección            del periódico del koljós; introducción de la radio            y de cines ambulantes, etc., etc. No es sorprendente que el libro Señores            del campo, que Tretiakow había redactado a continuación            de esta estancia, tuviese que ejercer una influencia considerable sobre            la configuración ulterior de las economías colectivistas.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Tal vez            ustedes estimen a Tretiakow y opinen, sin embargo, que su ejemplo no            dice demasiado en este contexto. Las tareas a las que se sometió,            objetarán quizá, son las de un periodista o propagandista;            con la creación literaria no tienen mucho que ver. Pero he entresacado            el ejemplo de Tretiakow intencionadamente para señalar cómo,            desde un tan amplio horizonte, hay que repensar las ideas sobre formas            o géneros de la obra literaria al hilo de los datos técnicos            de nuestra situación actual, llegando así a esas formas            expresivas que representen el punto de arranque para las energías            literarias del presente. No siempre hubo novelas en el pasado, y no            siempre tendrá que haberlas; no siempre tragedias; no siempre            el gran epos; las formas del comentario, de la traducción, incluso            de lo que llamamos falsificación, no siempre han sido formas            que revolotean al margen de la literatura, y no sólo han tenido            su sitio en los textos filosóficos de Arabia o de China, sino            además, en los literarios. No siempre fue la retórica            una forma irrelevante, sino que en la Antigüedad imprimió            su sello a grandes provincias de la literatura. Todo ello para familiarizarles            a ustedes con el hecho de que estamos dentro y en medio de un vigoroso            proceso de refundición de las formas literarias, un proceso en            el que muchas contraposiciones, en las cuales estábamos habituados            a pensar, pudieran perder su capacidad de impacto. Permítanme            que les dé un ejemplo de la esterilidad de tales contraposiciones            y del proceso de su superación dialéctica. Y otra vez            estaremos con Tretiakow. Ese ejemplo es el periódico. </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;">“En            nuestra literatura —escribe un autor de izquierdas— hay            contraposiciones que en épocas más felices se fertilizaban            mutuamente, pero que ahora han llegado a antinomias insolubles. Y así            divergen sin relación ni orden la ciencia y las belles lettres,            la crítica y la producción, la educación y la política.            El periódico es el escenario de estos embrollos literarios. Su            contenido es un “material” que rehúsa toda forma            de organización no impuesta por la impaciencia del lector. Y            esta impaciencia no es únicamente la del político que            espera una información o la del espectador que espera un guiño,            sino que tras ella arde la del excluido que cree tener derecho a hablar            en nombre de sus propios intereses. Hace tiempo que las redacciones            han aprovechado el hecho de que nada ata tanto a un lector a su periódico            como esta impaciencia que reclama día a día alimento nuevo;            y así han abierto una y otra vez sus columnas a sus preguntas,            opiniones, protestas. A la par que la asimilación indistinta            de hechos va la asimilación también indistinta de lectores            que en un instante se ven aupados a la categoría de colaboradores.            En lo cual se esconde un momento dialéctico: la decadencia de            lo literario en la prensa burguesa se acredita como fórmula de            su restablecimiento en la de la Rusia soviética. En tanto que            lo literario gana en alcance lo que pierde en profundidad, empieza a            distinguirse entre autor y público, distinción que la            prensa burguesa mantiene en pie de manera convencional y que se extingue            en cambio en la prensa soviética. El lector está siempre            dispuesto a convertirse en un escritor, a saber: en alguien que describe            o que prescribe. Cobra acceso a la autoría como perito, y no            tanto de una disciplina como sólo de un puesto que ocupa. Es            el trabajo mismo el que toma la palabra. Y su exposición en palabras            constituye una parte de la capacidad que exige su ejercicio. La competencia            literaria no se basa ya, por tanto, en una educación especializada,            sino en otra politécnica; así es como se convierte en            patrimonio común. Dicho brevemente, se trata de la literarización            de las condiciones de vida que se enseñorea de antinomias insolubles            por otra vía, y se trata también del escenario —el            periódico de la humillación sin barreras de la palabra,            escenario en el cual se prepara su salvación.”</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Espero            haber mostrado con esto que la representación del autor como            productor debe remontarse hasta la prensa. Porque sólo en la            prensa (en cualquier caso en la de la Rusia soviética) nos percataremos            de que el vigoroso proceso de refundición del que hablaba antes            no pasa únicamente sobre las distinciones convencionales entre            los géneros, entre escritor y poeta, entre investigador y divulgador,            sino que somete a revisión incluso la distinción entre            autor y lector. La prensa es la instancia más determinante respecto            de dicho proceso, y por eso debe avanzar hasta ella toda consideración            del autor como productor.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Pero no            puede uno quedarse en tal punto. Ya que en Europa occidental el periódico            no representa aún un instrumento adecuado en las manos del escritor.            Todavía pertenece al capital. Como por un lado el periódico            representa, hablando técnicamente, la posición literaria            más importante, pero dicha posición por otro lado está            en manos del enemigo; por eso no extrañará que el atisbo            del escritor en su condicionamiento social, en sus medios técnicos            y en su tarea política tenga que luchar con las dificultades            más enormes. Cuenta entre los sucesos más decisivos de            los últimos diez años en Alemania que una parte considerable            de sus cabezas productivas haya llevado a cabo una evolución            revolucionaria en cuanto a las ideas bajo la presión de las condiciones            económicas, sin estar al mismo tiempo en situación de            repensar de veras revolucionariamente su propio trabajo, su relación            para con los medios de producción, su técnica. Hablo,            como ven ustedes, de la llamada inteligencia de izquierdas, y me limitaré            a la que, siendo de izquierdas, es burguesa. En Alemania han partido,            en el último decenio, de dicha inteligencia de izquierdas los            movimientos político-literarios determinantes. De ellos destaco            dos, el activismo y la nueva objetividad, para poner en su ejemplo de            bulto que la tendencia política, por muy revolucionaria que parezca,            ejerce funciones contrarrevolucionarias en tanto el escritor experimente            su solidaridad con el proletariado sólo según su propio            ánimo, pero no como productor.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> El término            de moda, en el que se resumen las exigencias del activismo, es “logocracia”,            es decir, señorío del espíritu. De buen grado se            traduce por señorío de los espirituales. De hecho el concepto            de los espirituales se ha impuesto en el campo de la inteligencia de            izquierdas y domina sus manifiestos políticos desde Heinrich            Mann a Döblin. A tal concepto podemos hacerle notar sin esfuerzo            alguno que está acuñado sin miramiento alguno por la posición            de la inteligencia en el proceso de producción. El mismísimo            Hiller, el teórico del activismo, quisiera haber entendido a            los espirituales no “como miembros de determinadas ramas profesionales”,            sino “como representantes de cierto tipo caracteriológico”.            Dicho tipo caracteriológico está naturalmente, en cuanto            tal, entre las clases. Abarca un número caprichoso de existencias            privadas sin deparar el menor apoyo para su organización. Al            formular Hiller su repulsa de los jefes de partido, no es poco lo que            acota; puede que ellos “sean más sapientes en lo importante&#8230;,            hablen más cerca del pueblo&#8230;, se batan con mayor valentía”            que él; pero de una cosa está seguro: de que “piensan            con una mayor deficiencia”. Es probable, pero de qué servirá,            ya que políticamente lo decisivo no es el pensamiento privado,            sino el arte, según una expresión de Brecht, de pensar            con las cabezas de otras gentes. El activismo se ha empeñado            en sustituir la dialéctica materialista por esa magnitud, indefinible            en cuanto a las clases, del sano sentido común. Sus espirituales            representan en el mejor de los casos un rango. Con otras palabras: el            principio de esa educación colectiva es de suyo reaccionario;            no es extraño que los efectos de esa colectividad jamás            hayan podido ser revolucionarios.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Pero semejante            malhadado principio sigue en vigor. Pudo uno darse cuenta de ello cuando,            hace tres años, se publicó ¡Saber y transformar!            de Döblin. Este escrito era, como es sabido, una respuesta a un            joven —al que Döblin llama Hocke— que se había            dirigido al célebre autor preguntándole: ¿qué            hacer? Döblin le invita a unirse a la causa del socialismo, pero            en condiciones cuestionables. Socialismo es, según Döblin:            “Libertad, reunión espontánea de los hombres, repulsa            de toda coacción, indignación contra la injusticia y la            violencia, humanidad, tolerancia, ánimo pacífico.”            Sea como sea: en cualquier caso hace de este socialismo un frente en            contra de la teoría y de la praxis del movimiento obrero radical.            Döblin opina que “no puede salir de ninguna cosa nada que            no esté ya en ella; que de la lucha de clases criminalmente encrudecida            saldrá justicia, pero no socialismo”. Döblin por estas            y otras razones da a Hocke: “No puede usted (formula de la manera            siguiente la recomendación que por esta y otras razones hace            a Hocke), mi estimado señor, ejecutar su afirmativa de principio            a la lucha (del proletariado) alistándose en el frente proletario.            Debe usted darse por satisfecho aprobando amarga y conmovidamente dicha            lucha; pero también sabrá usted que hay algo más            que hacer: que sigue sin ocupar una posición enormemente importante&#8230;,            la protocomunista de la libertad humana individual, de la solidaridad            espontánea y la vinculación de los hombres&#8230; Esa posición,            mi estimado señor, es la única que le incumbe a usted.”            Aquí palpamos a dónde lleva la concepción del “espiritual”            como tipo definido por sus opiniones, sus actitudes e inclinaciones,            pero no por su posición en el proceso de producción. Como            dice Döblin, debe encontrar su lugar junto al proletariado. Pero            ¿cuál es este lugar? El de un protector, el de un mecenas            ideológico. Un lugar imposible. Y así volvemos a la tesis            propuesta al comienzo: el lugar del intelectual en la lucha de clases            sólo podrá fijarse, o mejor aún elegirse, sobre            la base de su posición en el proceso de producción.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> En orden            a la modificación de formas e instrumentos de producción            en el sentido de una inteligencia progresista —y por ello interesada            en liberar los medios productivos, y por ello al servicio de la lucha            de clases— ha acuñado Brecht el concepto de transformación            funcional. El es el primero que ha elevado hasta los intelectuales la            exigencia de amplio alcance: no pertrechar el aparato de producción            sin, en la medida de lo posible, modificarlo en un sentido socialista.            “La publicación de las Tentativas —dice el autor            en la introducción de esta serie de escritos— ocurre en            trabajos no deben un momento en el que determinados ya ser vivencias            individuales (tener el carácter de obra), sino que han de orientarse            a la utilización (transformación) de ciertos institutos            e instituciones.” No es deseable una renovación espiritual,            tal y como la proclaman los fascistas, sino que habrá que proponer            innovaciones técnicas. Volveremos todavía sobre estas            innovaciones. Ahora quisiera contentarme con indicar la distinción            decisiva entre el mero abastecimiento del aparato de producción            y su modificación. Y al comienzo de mis elaboraciones quisiera            colocar esta frase acerca de la “nueva objetividad”: pertrechar            un aparato de producción, sin transformarlo en la medida de lo            Posible, representa un comportamiento sumamente impugnable, si los materiales            con los que se abastece dicho aparato parecen ser de naturaleza revolucionaria.            Porque estamos frente al hecho —del que el pasado decenio ha proporcionado            en Alemania una plétora de pruebas— de que el aparato burgués            de producción y publicación asimila cantidades sorprendentes            de temas revolucionarios, de que incluso los propaga, sin poner por            ello seriamente en cuestión su propia consistencia y la consistencia            de la clase que lo posee. En cualquier caso se trata de algo correcto            mientras esté pertrechado por gentes de rutina, sean éstas            o no revolucionarias. Y yo defino al rutinario como hombre que sistemáticamente            renuncia a enajenar, por medio de mejoras y en favor del socialismo,            el aparato de producción respecto de la clase dominante. Y afirmo,            además, que una parte relevante de la llamada literatura de izquierdas            no ha tenido otra función que la de conseguir de la situación            política efectos siempre nuevos para divertir al público.            Con lo cual llego a la “nueva objetividad”. Ella es la que            ha promovido el reportaje. Preguntémonos a quién le es            útil dicha técnica.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Por razones            de plasticidad pongo en primer plano su forma fotográfica. Lo            que de ella resulta ser vigente, habrá que transponerlo a la            forma literaria. Ambas deben su extraordinaria prosperidad a la técnica            de difusión: a la radio y a la prensa ilustrada. Pensemos hacia            atrás, hasta el dadaísmo. El vigor revolucionario del            dadaísmo consistió en poner a prueba la autenticidad del            arte. Se compusieron naturalezas muertas en billetes, en carretes, en            colillas, junto con elementos pictóricos. Se ponía todo            ello en un marco. Y así se mostraba al público: mirad,            vuestro marco hace saltar el tiempo; el más minúsculo            pedazo auténtico de la vida cotidiana dice más que la            pintura. Igual que la sangrienta huella digital de un asesino sobre            la página de un libro dice más que el texto. No poco de            estos elementos revolucionarios se ha puesto a salvo en el fotomontaje.            No necesitamos pensar sino en los trabajos de John Heartfield, cuya            técnica ha hecho de las cubiertas de los libros un instrumento            político. Pero sigamos más allá la senda de la            fotografía. ¿Qué ven ustedes? Se va haciendo más            matizada, siempre más moderna, y el resultado es que no puede            ya fotografiar ninguna casa de vecindad, ningún montón            de basuras sin transfigurarlos. No hablemos de que estuviese en situación            de decir sobre un dique o una fábrica de cables otra cosa que            ésta: el mundo es bello. El mundo es bello es el título            del célebre libro de fotos de Renger-Patsch, en el cual vemos            en su cima a la fotografía neo-objetiva. Esto es que ha logrado            que incluso la miseria, captada de una manera perfeccionada y a la moda,            sea objeto de goce. Porque si una función económica de            la fotografía es llevar a las masas, por medio de elaboraciones            de moda, elementos que se hurtaban antes a su consumo (la primavera,            los personajes célebres, los países extranjeros), una            de sus funciones políticas consiste en renovar desde dentro el            mundo tal y como es. Con otras palabras, en renovarlo según la            moda.<br />
Tenemos con esto un ejemplo drástico de eso que se llama pertrechar            un aparato de producción sin modificarlo. Modificarlo hubiese            significado, una vez más, derribar una de esas barreras, superar            una de esas contradicciones que tienen encadenada la producción            de la inteligencia. En este caso la barrera entre escritura e imagen.            Lo que tenemos que exigir a los fotógrafos es la capacidad de            dar a sus tomas la leyenda que las arranque del consumo y del desgaste            de la moda, otorgándoles valor de uso revolucionario. Pero con            mayor insistencia que nunca plantearemos dicha exigencia cuando nosotros,            los escritores, nos pongamos a fotografiar. También aquí            el progreso técnico es para el autor como productor la base de            su progreso político. Con otras palabras: sólo la superación            en el proceso de la producción espiritual de esas competencias            que, en secuela de la concepción burguesa, forman su orden, hará            que dicha producción sea políticamente adecuada; y, además,            dichas barreras competitivas de ambas fuerzas productoras, levantadas            para separarlas, deberán quebrarse conjuntamente. El autor como            productor experimenta —al experimentar su solidaridad con el proletariado—            inmediata solidaridad con algunos otros productores que antes no significaban            mucho para él. He hablado de los fotógrafos; quiero intercalar            con toda brevedad una frase sobre los músicos que nos viene de            Eisler: “También en la evolución de la música,            tanto en la producción como en la reproducción, tenemos            que aprender a percatarnos de un proceso de racionalización cada            vez más fuerte&#8230; El disco, el cine sonoro, los aparatos, pueden            distribuir ejecuciones musicales refinadas&#8230; en forma de conserva como            mercancía. Este proceso racionalizador tiene como consecuencia            que la reproducción musical se vaya limitando a un grupo de especialistas            cada vez menor, pero también mejor cualificado. La crisis de            la práctica de los conciertos es la crisis de una forma de producción            anticuada, superada por nuevos inventos técnicos.” La tarea            consistía, por tanto, en una transformación funcional            de la forma del concierto que debiera cumplir dos condiciones: marginar            primero la contraposición entre ejecutantes y auditores, y luego            la que existe entre técnica y contenidos. A este respecto hace            Eisler la siguiente averiguación verdaderamente ilustrativa:            “Hay que guardarse de supervalorar la música orquestal            y tenerla por el único arte elevado. La música sin palabras            sólo en el capitalismo ha cobrado su gran importancia y su expansión            plena.” Es decir, que la tarea de modificar el concierto no resulta            posible sin la colaboración de la palabra. Esta es la única            que, como formula Eisler, puede operar la transformación de un            concierto en un meeting político. Con la pieza didáctica            Medidas tomadas han demostrado Brecht y Eisler que semejante transformación            representa de hecho un tenor sumamente elevado de la técnica            musical y literaria.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Si vuelven            ustedes a considerar ahora el proceso de refundición de las formas            literarias del que hemos hablado, verán cómo la fotografía            y la música (y medirán cuántas otras cosas) entran            en esa masa incandescente en la que se funden las formas nuevas. Ven            ustedes cómo se confirma que la literarización de todas            las condiciones de vida es la única que da un concepto ajustado            del alcance de este proceso refundidor, igual que el estado de la lucha            de clases determina la temperatura bajo la que —más o menos            consumadamente— llega a producirse.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> He hablado            del procedimiento de una cierta fotografía que está de            moda: hacer de la miseria objeto del consumo. Al aplicarme a la “nueva            objetividad” como movimiento literario, debo ir un paso más            adelante y decir que ha hecho objeto del consumo a la lucha contra la            miseria. De hecho su significación política se agotó            en muchos casos en la transposición de reflejos revolucionarios,            en tanto aparecían éstos en la burguesía, en temas            de dispersión, de diversión, que sin dificultad se ensamblaron            en la práctica cabaretística de la gran urbe. Lo característico            de esta literatura es transformar la lucha política de imperativo            para la decisión en un tema de complacencia contemplativa, de            un medio de producción en un artículo de consumo. Un crítico            lúcido lo ha aclarado en el ejemplo de Erich Kästner con            las siguientes consideraciones: “Esta inteligencia radical de            izquierdas nada tiene que ver con el movimiento obrero. Es más            bien, en cuanto fenómeno de descomposición burguesa, la            contrapartida de ese momento feudal que el Imperio admiró en            el teniente de reserva. Los publicistas radicales de izquierdas de la            estirpe de los Kästner, Meliring o Tucholsky son los miméticos            proletarios de capas burguesas que se han venido abajo. Su función            no es, vista políticamente, producir partidos, sino camarillas,            ni tampoco escuelas, vistos literalmente, sino modas, ni productores,            vistas económicamente, sino agentes. Agentes o mercenarios que            montan un gran tralalá con su pobreza y que se preparan una fiesta            con el vacío que abre sus fauces por aburrimiento. No podrían            instalarse más confortablemente en una situación incorfortable”.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Esta escuela,            he dicho, monta un gran tralalá con su pobreza. Con lo cual se            ha escapado del cometido más urgente del escritor actual: conocer            lo pobre que es y lo pobre que tiene que ser para poder empezar desde            el principio. Porque de eso se trata. El Estado soviético no            desterrará, como el platónico, al poeta, pero sí            —y por eso recordaba yo al comienzo el Estado platónico            le adjudicará tareas que no le permitan hacer espectáculo            en nuevas obras maestras con la riqueza, hace tiempo falsificada, de            la personalidad creadora. Esperar una renovación, en el sentido            de esas personalidades, de obras semejantes es un privilegio del fascismo,            que saca a este respecto a la luz del día formulaciones tan alocadas            como aquella con la que Günter Gründel redondea su rúbrica            literaria en la Misión de la generación joven: “No            podemos concluir mejor esta perspectiva y esta panorámica que            señalando que todavía no se han escrito hasta hoy el Wilhelm            Meister, el Heinrich el verde de nuestra generación”. Nada            puede estar más lejos del autor que haya pensado en serio las            condiciones de la producción actual que esperar y ni siquiera            desear tales obras. Jamás será su trabajo solamente el            trabajo aplicado a los productos, sino que siempre, y al mismo tiempo,            se aplicará a los medios de la producción. Con otras palabras:            sus productos tienen que poseer, junto y antes que su carácter            de obra, una función organizadora. Y, en modo alguno, debe limitarse            su utilidad organizativa a la propagandística. La tendencia sola            no basta. El excelente Lichtenberg ha dicho: “no importa qué            opiniones se tengan, sino qué tipo de hombre hacen las opiniones            a quien las tiene”. Claro que las opiniones importan mucho, pero            la mejor no sirve de nada si no hace algo útil de quienes las            tengan. La mejor tendencia es falsa si no enseña la actitud con            la que debe ser seguida. Y dicha actitud sólo la puede enseñar            el escritor cuando hace algo: a saber, escribiendo. La tendencia es            la condición necesaria, pero jamás suficiente, de una            función organizadora de las obras. Esta exige, además,            el comportamiento orientador e instructivo del que escribe. Y eso hay            que exigirlo hoy más que nunca. Un autor que no enseñe            a los escritores, no enseña a nadie. Resulta, pues, decisivo            el carácter modelo de la producción, que en, primer lugar,            instruye a otros productores en la producción y que, en segundo            lugar, es capaz de poner a su disposición un aparato mejorado.            Y dicho aparato será tanto mejor cuanto más consumidores            lleve a la producción, en una palabra, si está en situación            de hacer de los lectores o de los espectadores colaboradores. Tenemos            ya un modelo de este tipo, del cual sólo he hablado por alusiones.            Se trata del teatro épico de Brecht.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Una y            otra vez se escriben tragedias y óperas a cuya disposición            está en apariencia un aparato escénico acreditado por            el tiempo, mientras que, en realidad, no hacen más que pertrechar            un aparato claudicante. “Esa falta de claridad —dice Brecht—            que reina entre músicos, escritores y críticos, tiene            consecuencias enormes a las que se presta atención harto escasa.            Porque al opinar que están en posesión de un aparato,            que en realidad les posee a ellos, defienden uno sobre el cual no tienen            ya ningún control y que no es, según ellos creen, medio            para los productores, sino contra ellos.” Ese teatro de tramoya            complicada, de gigantesco reclutamiento de comparsas, de efectos refinadísimos            se ha convertido en un medio contra los productores, no en último            término porque busca ganar a éstos para la lucha competitiva,            carente de salida, en la que están enmarañados el cine            y la radio. Ese teatro —piénsese en el educativo o en el            recreativo, que ambos son complementarios y forman un todo— es            el de una capa social saturada a la que todo lo que su mano toca se            le convierte en estímulo. Su puesto está perdido. No así            el del teatro que, en lugar de competir con esos nuevos instrumentos            de difusión, procura aplicarlos y aprender de ellos, en una palabra,            que busca la confrontación. El teatro épico ha hecho cosa            suya de dicha confrontación. Conforme al estado actual de la            evolución del cine y de la radio, resulta a la altura de los            tiempos.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> En interés            de esa confrontación, Brecht se ha retirado a los elementos más            originarios del teatro. En cierto modo se ha conformado con un podio.            Ha renunciado a acciones de vasto alcance. Y así es como ha logrado            modificar la interdependencia funcional entre escena y público,            texto y puesta en escena, director y actores. El teatro épico,            ha declarado, no tiene que desarrollar acciones tanto como exponer situaciones.            Esas situaciones, como veremos en seguida, las obtiene interrumpiendo            las acciones. Les recuerdo a ustedes las canciones, que tienen su función            primordial en la interrupción de la acción. El teatro            épico, por tanto, asimila —con el principio de la interrupción—,            un procedimiento que les resulta a ustedes familiar, por el cine y la            radio, en los últimos diez años. Me refiero al procedimiento            del montaje: lo montado interrumpe el contexto en el cual se monta.            Permítanme una breve indicación respecto de que tal procedimiento            es aquí donde quizá tenga su razón específica            y consumada.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> La interrupción            de la acción, por cuya causa ha caracterizado Brecht su teatro            como épico, opera constantemente en contra de una ilusión            en el público. Tal ilusión es inservible para un teatro            que se propone tratar la realidad con intenciones probatorias. Las situaciones            están al final y no al principio de esta tentativa. Situaciones            que, cobrando una figura u otra, son siempre las nuestras. No se las            acerca al espectador, sino que se las aleja de él. Las reconoce            como las situaciones reales no con suficiencia, tal en el teatro naturalista,            sino con asombro. Esto es, que el teatro épico no reproduce situaciones,            más bien las descubre. El descubrimiento se realiza por medio            de la interrupción del curso de los hechos. Sólo que la            interrupción no tiene aquí carácter estimulante,            sino que posee una función organizativa. Detiene la acción            en su curso y fuerza así al espectador a tomar postura ante el            suceso y a que el actor la tome respecto de su papel. Quiero con un            ejemplo mostrarles a ustedes cómo el hallazgo y la configuración            brechtianos de lo gestual no significan sino una reconversión            de los métodos del montaje, decisivos en la radio y en el cine,            que de un procedimiento a menudo sólo en boga pasan a ser un            acontecimiento humano. Imagínense ustedes una escena de familia:            la mujer está a punto de coger un bronce para arrojarlo a la            hija; el padre, a punto de abrir la ventana para pedir ayuda. En ese            instante aparece un extraño. El proceso queda interrumpido; lo            que en su lugar pasa a primer plano es la situación con la que            tropieza la mirada del extraño: rostros alterados, ventana abierta,            mobiliario devastado. Pero hay también una mirada ante la cual            las escenas más acostumbradas de la existencia actual no se presentan            de manera muy diferente. Se trata de la mirada del dramaturgo épico. </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Este enfrenta            el laboratorio dramático a la obra de arte total. Vuelve a emprenderla,            de una nueva manera, con la gran suerte antigua del teatro: la exposición            del que está presente. En el centro de su tentativa está            el hombre. El hombre actual; un hombre, por tanto, reducido, congelado            en un entorno frío. Pero como éste es el único            del que disponemos, nos interesa conocerle. Se le somete a pruebas,            a dictámenes. Esto es lo que resulta: lo que sucede no es modificable            en sus puntos culminantes, no lo es por medio de la virtud y la decisión,            sino únicamente en su decurso estrictamente habitual por medio            de la razón y de la práctica. El sentido del teatro épico            es construir desde los más pequeños elementos de los modos            de comportamiento, lo que en la dramaturgia aristotélica se llamaba            «acción». Sus medios son, pues, más modestos            que los del teatro tradicional; sus metas lo son igualmente. Pretende            menos colmar al público con sentimientos, aunque éstos            sean los de la rebelión, y más enajenarlo de las situaciones            en las que vive por medio de un pensamiento insistente. Advirtamos no            más que marginalmente que no hay mejor punto de arranque para            el pensamiento que la risa. Y una conmoción del diafragma ofrece            casi siempre mejores perspectivas al pensamiento que la conmoción            del alma. El teatro épico sólo es opulento suscitando            carcajadas.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Quizá            hayan caído ustedes en la cuenta de que esta cadena de pensamientos,            ante cuya conclusión nos encontramos, le presenta al escritor            sólo una exigencia, la exigencia de cavilar, de reflexionar sobre            su posición en el proceso de producción. Podemos estar            seguros: esta reflexión lleva en los escritores que importan,            esto es, en los mejores técnicos de su especialidad, más            tarde o más temprano a averiguaciones que de la manera más            sobria fundamentan su solidaridad con el proletariado. Quisiera, para            terminar, exponerles una documentación actual en la figura de            un breve pasaje de la revista Commune. Commune ha organizado una encuesta:            “¿Para quién escribe usted?” Cito de la respuesta            de René Maublanc, así como de las observaciones que siguen            de Aragon. “Indudablemente escribo —dice Maublanc—            casi exclusivamente para un público burgués. Primero porque            estoy obligado a ello —Maublanc alude aquí a sus obligaciones            profesionales como maestro; segundo, porque mi origen es burgués,            porque he sido educado en la burguesía y porque procedo de un            medio burgués, tanto que soy proclive a dirigirme a la clase            a la que pertenezco, que es la que mejor conozco y la que puedo en tender            mejor. Lo cual no quiere decir, desde luego, que escriba para darle            gusto o para apoyarla. Por un lado, estoy convencido de que la revolución            proletaria es deseable y necesaria, y por otro lado, de que será            tanto más rápida, fácil, victoriosa, y tanto menos            sangrienta cuanto más débil sea la resistencia de la burguesía.            El proletariado necesita hoy aliados del campo de la burguesía,            igual que en el siglo XVIII la burguesía necesitó aliados            del campo feudal. Yo quisiera estar entre esos aliados.”<br />
A este respecto observa Aragon: “Nuestro camarada toca aquí            un estado de cosas que concierne a un gran número de escritores            actuales. No todos tienen el coraje de mirarle de frente&#8230; Son escasos            los que, como René Maublanc, alcanzan tal claridad sobre su propia            situación. Pero es precisamente de éstos de los que hay            que exigir más&#8230; No basta con debilitar a la burguesía            desde dentro, hay que combatirla con el proletariado&#8230; Ante René            Maublanc y muchos de nuestros amigos entre los escritores, que todavía            vacilan, se alza el ejemplo de los escritores de la Rusia soviética            que proceden de la burguesía rusa y que, sin embargo, se han            hecho pioneros de la edificación del socialismo.”</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> Hasta            aquí Aragon. Pero, ¿cómo han llegado a ser pioneros?            Desde luego que no sin luchas muy enconadas, sin confrontaciones sumamente            arduas. Las reflexiones que he expuesto ante ustedes constituyen el            intento de sacarles rendimiento a esas luchas. Se apoyan en el concepto            al que debe su clarificación decisiva el debate acerca de la            actitud de los intelectuales rusos: el concepto de especialista. La            solidaridad del especialista con el proletariado —y en ello consiste            el comienzo de esa clarificación— no puede ser sino mediada.            Los activistas y los representantes de la nueva objetividad han podido            conducirse como hayan querido: no pudieron abolir el hecho de que la            proletarización del intelectual casi nunca crea un proletario.            ¿Por qué? Porque la clase burguesa le ha dotado, en forma            de educación, de un medio de producción que, sobre la            base del privilegio de haber sido educado, le hace solidario de ella,            y más aún a ella solidaria de él. Es, por tanto,            completamente acertado que Aragon, en otro contexto, explique: “El            intelectual revolucionario aparece por de pronto y sobre todo como traidor            a su clase de origen.” Esa traición consiste en el escritor            en un comportamiento que de proveedor de un aparato de producción            le convierte en un ingeniero que ve su tarea en acomodar dicho aparato            a las finalidades de la revolución proletaria. Es una eficacia            mediadora, pero libera al intelectual de aquel cometido puramente destructivo            al que Maublanc, junto con muchos camaradas, parece creer que debe limitarse.            ¿Logra favorecer la socialización de los medios espirituales            de producción? ¿Ve caminos para organizar a los trabajadores            espirituales en el proceso de producción? ¿Tiene propuestas            para la transformación funcional de la novela, del drama, del            poema? Cuanto más adecuadamente sea capaz de orientar su actividad            a esta tarea, más justa será su tendencia, y por tanto,            necesariamente más elevada, su calidad técnica. Y por            otro lado: cuanto con mayor exactitud conozca de este modo su puesto            en el proceso de producción, menos se le ocurrirá pensar            en hacerse pasar por un “espiritual”. El espíritu,            que se hace perceptible en nombre del fascismo, tiene que desaparecer.            El espíritu, que se le enfrenta con la confianza de su propia            virtud milagrosa, desaparecerá. Porque la lucha revolucionaria            no se juega entre el capitalismo y el espíritu, sino entre el            capitalismo y el proletariado.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><strong>WALTER            BENJAMIN: “LA OBRA DE ARTE EN LA ÉPOCA DE SU REPRODUCTIBILIDAD            TÉCNICA” (1936)<br />
Traducción de Jesús Aguirre<br />
Ed. Taurus, Madrid 1973.</strong></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
“En un tiempo muy distinto del nuestro, y por hombres cuyo poder            de acción sobre las cosas era insignificante comparado con el            que nosotros poseemos, fueron instituidas nuestras Bellas Artes y fijados            sus tipos y usos. Pero el acrecentamiento sorprendente de nuestros medios,            la flexibilidad y la precisión que éstos alcanzan, las            ideas y costumbres que introducen, nos aseguran respecto de cambios            próximos y profundos en la antigua industria de lo Bello. En            todas las artes hay una parte física que no puede ser tratada            como antaño, que no puede sustraerse a la acometividad del conocimiento            y la fuerza modernas. Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son,            desde hace veinte años, lo que han venido siendo desde siempre.            Es preciso contar con que novedades tan grandes transformen toda la            técnica de las artes y operen por tanto sobre la inventiva, llegando            quizás hasta a modificar de una manera maravillosa la noción            misma del arte.”</span></p>
<p>Paul Valéry, Pièces sur l&#8217;art («La conquéte            de l&#8217;ubiquité»).</p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"> </span></p>
<p><strong>PRÓLOGO</strong></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
Cuando Marx emprendió el análisis de la producción            capitalista estaba ésta en sus comienzos. Marx orientaba su empeño            de modo que cobrase valor de pronóstico. Se remontó hasta            las relaciones fundamentales de dicha producción y las expuso            de tal guisa que resultara de ellas lo que en el futuro pudiera esperarse            del capitalismo. Y resultó que no sólo cabía esperar            de él una explotación crecientemente agudizada de los            proletarios, sino, además, el establecimiento de condiciones            que posibilitan su propia abolición.<br />
La transformación de la superestructura, que ocurre mucho más            lentamente que la de la infraestructura, ha necesitado más de            medio siglo para hacer vigente en todos los campos de la cultura el            cambio de las condiciones de producción. En qué forma            sucedió, es algo que sólo hoy puede indicarse. Pero de            esas indicaciones debemos requerir determinados pronósticos.            Poco corresponderán a tales requisitos las tesis sobre el arte            del proletariado después de su toma del poder; mucho menos todavía            algunas sobre el de la sociedad sin clases; más en cambio unas            tesis acerca de las tendencias evolutivas del arte bajo las actuales            condiciones de producción. Su dialéctica no es menos perceptible            en la superestructura que en la economía. Por eso sería            un error menospreciar su valor combativo. Dichas tesis dejan de lado            una serie de conceptos heredados (como creación y genialidad,            perennidad y misterio), cuya aplicación incontrolada, y por el            momento difícilmente controlable, lleva a la elaboración            del material fáctico en el sentido fascista. Los conceptos que            seguidamente introducimos por vez primera en la teoría del arte            se distinguen de los usuales en que resultan por completo inútiles            para los fines del fascismo. Por el contrario, son utilizables para            la formación de exigencias revolucionarias en la política            artística.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>1</strong><br />
La obra de arte ha sido siempre fundamentalmente susceptible de reproducción.            Lo que los hombres habían hecho, podía ser imitado por            los hombres. Los alumnos han hecho copias como ejercicio artístico,            los maestros las hacen para difundir las obras, y finalmente copian            también terceros ansiosos de ganancias. Frente a todo ello, la            reproducción técnica de la obra de arte es algo nuevo            que se impone en la historia intermitentemente, a empellones muy distantes            unos de otros, pero con intensidad creciente. Los griegos sólo            conocían dos procedimientos de reproducción técnica:            fundir y acuñar. Bronces, terracotas y monedas eran las únicas            obras artísticas que pudieron reproducir en masa. Todas las restantes            eran irrepetibles y no se prestaban a reproducción técnica            alguna. La xilografía hizo que por primera vez se reprodujese            técnicamente el dibujo, mucho tiempo antes de que por medio de            la imprenta se hiciese lo mismo con la escritura. Son conocidas las            modificaciones enormes que en la literatura provocó la imprenta,            esto es, la reproductibilidad técnica de la escritura. Pero a            pesar de su importancia, no representan más que un caso especial            del fenómeno que aquí consideramos a escala de historia            universal. En el curso de la Edad Media se añaden a la xilografía            el grabado en cobre y el aguafuerte, así como la litografía            a comienzos del siglo diecinueve.<br />
Con la litografía, la técnica de la reproducción            alcanza un grado fundamentalmente nuevo. El procedimiento, mucho más            preciso, que distingue la transposición del dibujo sobre una            piedra de su incisión en taco de madera o de su grabado al aguafuerte            en una plancha de cobre, dio por primera vez al arte gráfico            no sólo la posibilidad de poner masivamente (como antes) sus            productos en el mercado, sino, además, la de ponerlos en figuraciones            cada día nuevas. La litografía capacitó al dibujo            para acompañar, ilustrándola, la vida diaria. Comenzó            entonces a ir al paso con la imprenta. Pero en estos comienzos fue aventajado            por la fotografía pocos decenios después de que se inventara            la impresión litográfica. En el proceso de la reproducción            plástica, la mano se descarga por primera vez de las incumbencias            artísticas más importantes que en adelante van a concernir            únicamente al ojo que mira por el objetivo. El ojo es más            rápido captando que la mano dibujando; por eso se ha apresurado            tantísimo el proceso de la reproducción plástica            que ya puede ir a paso con la palabra hablada. Al rodar en el estudio,            el operador de cine fija las imágenes con la misma velocidad            con la que el actor habla. En la litografía se escondía            virtualmente el periódico ilustrado y en la fotografía            el cine sonoro. La reproducción técnica del sonido fue            empresa acometida a finales del siglo pasado. Todos estos esfuerzos            convergentes hicieron previsible una situación que Paul Valéry            caracteriza con la frase siguiente: «Igual que el agua, el gas            y la corriente eléctrica vienen a nuestras casas, para servimos,            desde lejos y por medio de una manipulación casi imperceptible,            así estamos también provistos de imágenes y de            series de sonidos que acuden a un pequeño toque, casi a un signo,            y que del mismo modo nos abandonan». Hacia 1900 la reproducción            técnica había alcanzado un standard en el que no sólo            comenzaba a convertir en tema propio la totalidad de las obras de arte            heredadas (sometiendo, además, su función a modificaciones            hondísimas), sino que también conquistaba un puesto específico            entre los procedimientos artísticos. Nada resulta más            instructivo para el estudio de ese standard que referir dos manifestaciones            distintas, la reproducción de la obra artística y el cine,            al arte en su figura tradicional.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>2</strong><br />
Incluso en la reproducción mejor acabada falta algo: el aquí            y ahora de la obra de arte, su existencia irrepetible en el lugar en            que se encuentra. En dicha existencia singular, y en ninguna otra cosa,            se realizó la historia a la que ha estado sometida en el curso            de su perduración. También cuentan las alteraciones que            haya padecido en su estructura física a lo largo del tiempo,            así como sus eventuales cambios de propietario. No podemos seguir            el rastro de las primeras más que por medio de análisis            físicos o químicos impracticables sobre una reproducción;            el de los segundos es tema de una tradición cuya búsqueda            ha de partir del lugar de origen de la obra.<br />
El aquí y ahora del original constituye el concepto de su autenticidad.            Los análisis químicos de la pátina de un bronce            favorecerán que se fije si es auténtico; correspondientemente,            la comprobación de que un determinado manuscrito medieval procede            de un archivo del siglo XV favorecerá la fijación de su            autenticidad. El ámbito entero de la autenticidad se sustrae            a la reproductibilidad técnica —y desde luego que no sólo            a la técnica—. Cara a la reproducción manual, que            normalmente es catalogada como falsificación, lo auténtico            conserva su autoridad plena, mientras que no ocurre lo mismo cara a            la reproducción técnica. La razón es doble. En            primer lugar, la reproducción técnica se acredita como            más independiente que la manual respecto del original. En la            fotografía, por ejemplo, pueden resaltar aspectos del original            accesibles únicamente a una lente manejada a propio antojo con            el fin de seleccionar diversos puntos de vista, inaccesibles en cambio            para el ojo humano. 0 con ayuda de ciertos procedimientos, como la ampliación            o el retardador, retendrá imágenes que se le escapan sin            más a la óptica humana. Además, puede poner la            copia del original en situaciones inasequibles para éste. Sobre            todo le posibilita salir al encuentro de su destinatario, ya sea en            forma de fotografía o en la de disco gramofónico. La catedral            deja su emplazamiento para encontrar acogida en el estudio de un aficionado            al arte; la obra coral, que fue ejecutada en una sala o al aire libre,            puede escucharse en una habitación.<br />
Las circunstancias en que se ponga al producto de la reproducción            de una obra de arte, quizás dejen intacta la consistencia de            ésta, pero en cualquier caso deprecian su aquí y ahora.            Aunque en modo alguno valga esto sólo para una obra artística,            sino que parejamente vale también, por ejemplo, para un paisaje            que en el cine transcurre ante el espectador. Sin embargo, el proceso            aqueja en el objeto de arte una médula sensibilísima que            ningún objeto natural posee en grado tan vulnerable. Se trata            de su autenticidad. La autenticidad de una cosa es la cifra de todo            lo que desde el origen puede transmitirse en ella desde su duración            material hasta su testificación histórica. Como esta última            se funda en la primera, que a su vez se le escapa al hombre en la reproducción,            por eso se tambalea en ésta la testificación histórica            de la cosa. Claro que sólo ella; pero lo que se tambalea de tal            suerte es su propia autoridad.<br />
Resumiendo todas estas deficiencias en el concepto de aura, podremos            decir: en la época de la reproducción técnica de            la obra de arte lo que se atrofia es el aura de ésta. El proceso            es sintomático; su significación señala por encima            del ámbito artístico. Conforme a una formulación            general: la técnica reproductiva desvincula lo reproducido del            ámbito de la tradición. Al multiplicar las reproducciones            pone su presencia masiva en el lugar de una presencia irrepetible. Y            confiere actualidad a lo reproducido al permitirle salir, desde su situación            respectiva, al encuentro de cada destinatario. Ambos procesos conducen            a una fuerte conmoción de lo transmitido, a una conmoción            de la tradición, que es el reverso de la actual crisis y de la            renovación de la humanidad. Están, además, en estrecha            relación con los movimientos de masas de nuestros días.            Su agente más poderoso es el cine. La importancia social de éste            no es imaginable incluso en su forma más positiva, y precisamente            en ella, sin este otro lado suyo destructivo, catártico: la liquidación            del valor de la tradición en la herencia cultural. Este fenómeno            es sobre todo perceptible en las grandes películas históricas.            Es éste un terreno en el que constantemente toma posiciones.            Y cuando Abel Gance proclamó con entusiasmo en 1927: «Shakespeare,            Rembrandt, Beethoven, harán cine&#8230; Todas las leyendas, toda            la mitología y todos los mitos, todos los fundadores de religiones            y todas las religiones incluso&#8230; esperan su resurrección luminosa,            y los héroes se apelotonan, para entrar, ante nuestras puertas»            nos estaba invitando, sin saberlo, a una liquidación general.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>3</strong><br />
Dentro de grandes espacios históricos de tiempo se modifican,            junto con toda la existencia de las colectividades humanas, el modo            y manera de su percepción sensorial. Dichos modo y manera en            que esa percepción se organiza, el medio en el que acontecen,            están condicionados no sólo natural, sino también            históricamente. El tiempo de la Invasión de los Bárbaros,            en el cual surgieron la industria artística del Bajo Imperio            y el Génesis de Viena, trajo consigo además de un arte            distinto del antiguo una percepción también distinta.            Los eruditos de la escuela vienesa, Riegel y Wickhoff, hostiles al peso            de la tradición clásica que sepultó aquel arte,            son los primeros en dar con la ocurrencia de sacar de él conclusiones            acerca de la organización de la percepción en el tiempo            en que tuvo vigencia. Por sobresalientes que fueran sus conocimientos,            su limitación estuvo en que nuestros investigadores se contentaron            con indicar la signatura formal propia de la percepción en la            época del Bajo Imperio. No intentaron (quizás ni siquiera            podían esperarlo) poner de manifiesto las transformaciones sociales            que hallaron expresión en esos cambios de la sensibilidad. En            la actualidad son más favorables las condiciones para un atisbo            correspondiente. Y si las modificaciones en el medio de la percepción            son susceptibles de que nosotros, sus coetáneos, las entendamos            como desmoronamiento del aura, sí que podremos poner de bulto            sus condicionamientos sociales.<br />
Conviene ilustrar el concepto de aura, que más arriba hemos propuesto            para temas históricos, en el concepto de un aura de objetos naturales.            Definiremos esta última como la manifestación irrepetible            de una lejanía (por cercana que pueda estar). Descansar en un            atardecer de verano y seguir con la mirada una cordillera en el horizonte            o una rama que arroja su sombra sobre el que reposa, eso es aspirar            el aura de esas montañas, de esa rama. De la mano de esta descripción            es fácil hacer una cala en los condicionamientos sociales del            actual desmoronamiento del aura. Estriba éste en dos circunstancias            que a su vez dependen de la importancia creciente de las masas en la            vida de hoy. A saber: acercar espacial y humanamente las cosas es una            aspiración de las masas actuales tan apasionada como su tendencia            a superar la singularidad de cada dato acogiendo su reproducción.            Cada día cobra una vigencia más irrecusable la necesidad            de adueñarse de los objetos en la más próxima de            las cercanías, en la imagen, más bien en la copia, en            la reproducción. Y la reproducción, tal y como la aprestan            los periódicos ilustrados y los noticiarios, se distingue inequívocamente            de la imagen. En ésta, la singularidad y la perduración            están imbricadas una en otra de manera tan estrecha como lo están            en aquélla la fugacidad y la posible repetición. Quitarle            su envoltura a cada objeto, triturar su aura, es la signatura de una            percepción cuyo sentido para lo igual en el mundo ha crecido            tanto que incluso, por medio de la reproducción, le gana terreno            a lo irrepetible. Se denota así en el ámbito plástico            lo que en el ámbito de la teoría advertimos como un aumento            de la importancia de la estadística. La orientación de            la realidad a las masas y de éstas a la realidad es un proceso            de alcance ilimitado tanto para el pensamiento como para la contemplación.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>4</strong><br />
La unicidad de la obra de arte se identifica con su ensamblamiento en            el contexto de la tradición. Esa tradición es desde luego            algo muy vivo, algo extraordinariamente cambiante. Una estatua antigua            de Venus, por ejemplo, estaba en un contexto tradicional entre los griegos,            que hacían de ella objeto de culto, y en otro entre los clérigos            medievales que la miraban como un ídolo maléfico. Pero            a unos y a otros se les enfrentaba de igual modo su unicidad, o dicho            con otro término: su aura. La índole original del ensamblamiento            de la obra de arte en el contexto de la tradición encontró            su expresión en el culto. Las obras artísticas más            antiguas sabemos que surgieron al servicio de un ritual primero mágico,            luego religioso. Es de decisiva importancia que el modo aurático            de existencia de la obra de arte jamás se desligue de la función            ritual. Con otras palabras: el valor único de la auténtica            obra artística se funda en el ritual en el que tuvo su primer            y original valor útil. Dicha fundamentación estará            todo lo mediada que se quiera, pero incluso en las formas más            profanas del servicio a la belleza resulta perceptible en cuanto ritual            secularizado. Este servicio profano, que se formó en el Renacimiento            para seguir vigente por tres siglos, ha permitido, al transcurrir ese            plazo y a la primera conmoción grave que le alcanzara, reconocer            con toda claridad tales fundamentos. Al irrumpir el primer medio de            reproducción de veras revolucionario, a saber la fotografía            (a un tiempo con el despunte del socialismo), el arte sintió            la proximidad de la crisis (que después de otros cien años            resulta innegable), y reaccionó con la teoría de «l&#8217;art            pour l&#8217;art», esto es, con una teología del arte. De ella            procedió ulteriormente ni más ni menos que una teología            negativa en figura de la idea de un arte “puro” que rechaza            no sólo cualquier función social, sino, además,            toda determinación por medio de un contenido objetual. (En la            poesía, Mallarmé ha sido el primero en alcanzar esa posición.)<br />
Hacer justicia a esta serie de hechos resulta indispensable para una            cavilación que tiene que habérselas con la obra de arte            en la época de su reproducción técnica. Esos hechos            preparan un atisbo decisivo en nuestro tema: por primera vez en la historia            universal, la reproductibilidad técnica emancipa a la obra artística            de su existencia parasitaria en un ritual. La obra de arte reproducida            se convierte, en medida siempre creciente, en reproducción de            una obra artística dispuesta para ser reproducida. De la placa            fotográfica, por ejemplo, son posibles muchas copias; preguntarse            por la copia auténtica no tendría sentido alguno. Pero            en el mismo instante en que la norma de la autenticidad fracasa en la            producción artística, se trastorna la función íntegra            del arte. En lugar de su fundamentación en un ritual aparece            su fundamentación en una praxis distinta, a saber en la política. </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>5</strong><br />
La recepción de las obras de arte sucede bajo diversos acentos            entre los cuales hay dos que destacan por su polaridad. Uno de esos            acentos reside en el valor cultual, el otro en el valor exhibitivo de            la obra artística. La producción artística comienza            con hechuras que están al servicio del culto. Presumimos que            es más importante que dichas hechuras estén presentes            y menos que sean vistas. El alce que el hombre de la Edad de Piedra            dibuja en las paredes de su cueva es un instrumento mágico. Claro            que lo exhibe ante sus congéneres; pero está sobre todo            destinado a los espíritus. Hoy nos parece que el valor cultual            empuja a la obra de arte a mantenerse oculta: ciertas estatuas de dioses            sólo son accesibles a los sacerdotes en la “cella”.            Ciertas imágenes de Vírgenes permanecen casi todo el año            encubiertas, y determinadas esculturas de catedrales medievales no son            visibles para el espectador que pisa el santo suelo. A medida que las            ejercitaciones artísticas se emancipan del regazo ritual, aumentan            las ocasiones de exhibición de sus productos. La capacidad exhibitiva            de un retrato de medio cuerpo, que puede enviarse de aquí para            allá, es mayor que la de la estatua de un dios, cuyo puesto fijo            es el interior del templo. Y si quizás la capacidad exhibitiva            de una misa no es de por sí menor que la de una sinfonía,            la sinfonía ha surgido en un tiempo en el que su exhibición            prometía ser mayor que la de una misa.<br />
Con los diversos métodos de su reproducción técnica            han crecido en grado tan fuerte las posibilidades de exhibición            de la obra de arte, que el corrimiento cuantitativo entre sus dos polos            se toma, como en los tiempos primitivos, en una modificación            cualitativa de su naturaleza. A saber, en los tiempos primitivos, y            a causa de la preponderancia absoluta de su valor cultual, fue en primera            línea un instrumento de magia que sólo más tarde            se reconoció en cierto modo como obra artística; y hoy            la preponderancia absoluta de su valor exhibitivo hace de ella una hechura            con funciones por entero nuevas entre las cuales la artística            —la que nos es consciente— se destaca como la que más            tarde tal vez se reconozca en cuanto accesoria. Por lo menos es seguro            que actualmente la fotografía y además, el cine proporcionan            las aplicaciones más útiles de ese conocimiento. </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>6</strong><br />
En la fotografía, el valor exhibitivo comienza a reprimir en            toda la línea al valor cultual. Pero éste no cede sin            resistencia. Ocupa una última trinchera que es el rostro humano.            En modo alguno es casual que en los albores de la fotografía            el retrato ocupe un puesto central. El valor cultual de la imagen tiene            su último refugio en el culto al recuerdo de los seres queridos,            lejanos o desaparecidos. En las primeras fotografías vibra por            vez postrera el aura en la expresión de una cara humana. Y esto            es lo que constituye su belleza melancólica e incomparable. Pero            cuando el hombre se retira de la fotografía, se opone entonces,            superándolo, el valor exhibitivo al cultual. Atget es sumamente            importante por haber localizado este proceso al retener hacia 1900 las            calles de París en aspectos vacíos de gente. Con mucha            razón se ha dicho de él que las fotografió como            si fuesen el lugar del crimen. Porque también éste está            vacío y se le fotografía a causa de los indicios. Con            Atget comienzan las placas fotográficas a convertirse en pruebas            en el proceso histórico. Y así es como se forma su secreta            significación histórica. Exigen una recepción en            un sentido determinado. La contemplación de vuelos propios no            resulta muy adecuada. Puesto que inquietan hasta tal punto a quien las            mira, que para ir hacia ellas siente tener que buscar un determinado            camino. Simultáneamente los periódicos ilustrados empiezan            a presentarle señales indicadoras. Acertadas o erróneas,            da lo mismo. Por primera vez son en esos periódicos obligados            los pies de las fotografías. Y claro está que éstos            tienen un carácter muy distinto al del título de un cuadro.            El que mira una revista ilustrada recibe de los pies de sus imágenes            unas directivas que en el cine se harán más precisas e            imperiosas, ya que la comprensión de cada imagen aparece prescrita            por la serie de todas las imágenes precedentes.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>7</strong><br />
Aberrante y enmarañada se nos antoja hoy la disputa sin cuartel            que al correr el siglo diecinueve mantuvieron la fotografía y            la pintura en cuanto al valor artístico de sus productos. Pero            no pondremos en cuestión su importancia, sino que más            bien podríamos subrayarla. De hecho esa disputa era expresión            de un trastorno en la historia universal del que ninguno de los dos            contendientes era consciente. La época de su reproductibilidad            técnica desligó al arte de su fundamento cultual: y el            halo de su autonomía se extinguió para siempre. Se produjo            entonces una modificación en la función artística            que cayó fuera del campo de visión del siglo. E incluso            se le ha escapado durante tiempo al siglo veinte, que es el que ha vivido            el desarrollo del cine.<br />
En vano se aplicó por de pronto mucha agudeza para decidir si            la fotografía es un arte (sin plantearse la cuestión previa            sobre si la invención de la primera no modificaba por entero            el carácter del segundo). Enseguida se encargaron los teóricos            del cine de hacer el correspondiente y precipitado planteamiento. Pero            las dificultades que la fotografía deparó a la estética            tradicional fueron juego de niños comparadas con las que aguardaban            a esta última en el cine. De ahí esa ciega vehemencia            que caracteriza los comienzos de la teoría cinematográfica.            Abel Gance, por ejemplo, compara el cine con los jeroglíficos:            “Henos aquí, en consecuencia de un prodigioso retroceso,            otra vez en el nivel de expresión de los egipcios&#8230; El lenguaje            de las imágenes no está todavía a punto, porque            nosotros no estamos aún hechos para ellas. No hay por ahora suficiente            respeto, suficiente culto por lo que expresan”. También            Séverin-Mars escribe: “¿Qué otro arte tuvo            un sueño más altivo&#8230; a la vez más poético            y más real? Considerado desde este punto de vista representaría            el cine un medio incomparable de expresión, y en su atmósfera            debieran moverse únicamente personas del más noble pensamiento            y en los momentos más perfectos y misteriosos de su carrera”.            Por su parte, Alexandre Arnoux concluye una fantasía sobre el            cine mudo con tamaña pregunta: “Todos los términos            audaces que acabamos de emplear, ¿no definen al fin y al cabo            la oración?”. Resulta muy instructivo ver cómo,            obligados por su empeño en ensamblar el cine en el arte, esos            teóricos ponen en su interpretación, y por cierto sin            reparo de ningún tipo, elementos culturales. Y, sin embargo,            cuando se publicaron estas especulaciones ya existían obras como            La opinión pública y La quimera del oro. Lo cual no impide            a Abel Gance aducir la comparación con los jeroglíficos            y a Séverin-Mars hablar del cine como podría hablarse            de las pinturas de Fra Angélico. Es significativo que autores            especialmente reaccionarios busquen hoy la importancia del cine en la            misma dirección, si no en lo sacral, sí desde luego en            lo sobrenatural. Con motivo de la realización de Reinhardt del            Sueño de una noche de verano afirma Werfel que no cabe duda de            que la copia estéril del mundo exterior con sus calles, sus interiores,            sus estaciones, sus restaurantes, sus autos y sus playas es lo que hasta            ahora ha obstruido el camino para que el cine ascienda al reino del            arte. “El cine no ha captado todavía su verdadero sentido,            sus posibilidades reales&#8230; Estas consisten en su capacidad singularísima            para expresar, con medios naturales y con una fuerza de convicción            incomparable, lo quimérico, lo maravilloso, lo sobrenatural”. </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>8</strong><br />
En definitiva, el actor de teatro presenta él mismo en persona            al público su ejecución artística; por el contrario,            la del actor de cine es presentada por medio de todo un mecanismo. Esto            último tiene dos consecuencias. El mecanismo que pone ante el            público la ejecución del actor cinematográfico            no está atenido a respetarla en su totalidad. Bajo la guía            del cámara va tomando posiciones a su respecto. Esta serie de            posiciones, que el montador compone con el material que se le entrega,            constituye la película montada por completo. La cual abarca un            cierto número de momentos dinámicos que en cuanto tales            tienen que serle conocidos a la cámara (para no hablar de enfoques            especiales o de grandes planos). La actuación del actor está            sometida, por tanto, a una serie de tests ópticos. Y ésta            es la primera consecuencia de que su trabajo se exhiba por medio de            un mecanismo. La segunda consecuencia estriba en que este actor, puesto            que no es él mismo quien presenta a los espectadores su ejecución,            se ve mermado en la posibilidad, reservada al actor de teatro, de acomodar            su actuación al público durante la función. El            espectador se encuentra pues en la actitud del experto que emite un            dictamen sin que para ello le estorbe ningún tipo de contacto            personal con el artista. Se compenetra con el actor sólo en tanto            que se compenetra con el aparato. Adopta su actitud: hace test. Y no            es ésta una actitud a la que puedan someterse valores culturales.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>9</strong><br />
Al cine le importa menos que el actor represente ante el público            un personaje; lo que le importa es que se represente a si mismo ante            el mecanismo. Pirandello ha sido uno de los primeros en dar con este            cambio que los tests imponen al actor. Las advertencias que hace a este            respecto en su novela “Se rueda” quedan perjudicadas, pero            sólo un poco, al limitarse a destacar el lado negativo del asunto.            Menos aún les daña que se refieran únicamente al            cine mudo. Puesto que el cine sonoro no ha introducido en este orden            ninguna alteración fundamental. Sigue siendo decisivo representar            para un aparato —o en el caso del cine sonoro para dos. “El            actor de cine”, escribe Pirandello, “se siente como en el            exilio. Exiliado no sólo de la escena, sino de su propia persona.            Con un oscuro malestar percibe el vacío inexplicable debido a            que su cuerpo se convierte en un síntoma de deficiencia que se            volatiliza y al que se expolia de su realidad, de su vida, de su voz            y de los ruidos que produce al moverse, transformándose entonces            en una imagen muda que tiembla en la pantalla un instante y que desaparece            enseguida quedamente&#8230; La pequeña máquina representa            ante el público su sombra, pero él tiene que contentarse            con representar ante la máquina”. He aquí un estado            de cosas que podríamos caracterizar así: por primera vez            —y esto es obra del cine— llega el hombre a la situación            de tener que actuar con toda su persona viva, pero renunciando a su            aura. Porque el aura está ligada a su aquí y ahora. Del            aura no hay copia. La que rodea a Macbeth en escena es inseparable de            la que, para un público vivo, ronda al actor que le representa.            Lo peculiar del rodaje en el estudio cinematográfico consiste            en que los aparatos ocupan el lugar del público. Y así            tiene que desaparecer el aura del actor y con ella la del personaje            que representa.<br />
No es sorprendente que en su análisis del cine un dramaturgo            como Pirandello toque instintivamente el fondo de la crisis que vemos            sobrecoge al teatro. La escena teatral es de hecho la contrapartida            más resuelta respecto de una obra de arte captada íntegramente            por la reproducción técnica y que incluso, como el cine,            procede de ella. Así lo confirma toda consideración mínimamente            intrínseca. Espectadores peritos, como Arnheim en 1932, se han            percatado hace tiempo de que en el cine “casi siempre se logren            los mayores efectos si se actúa lo menos posible&#8230; El último            progreso consiste en que se trata al actor como a un accesorio escogido            característicamente&#8230; al cual se coloca en un lugar adecuado”.            Pero hay otra cosa que tiene con esto estrecha conexión. El artista            que actúa en escena se transpone en un papel. Lo cual se le niega            frecuentemente al actor de cine. Su ejecución no es unitaria,            sino que se compone de muchas ejecuciones. Junto a miramientos ocasionales            por el precio del alquiler de los estudios, por la disponibilidad de            los colegas, por el decorado, etc., son necesidades elementales de la            maquinaria las que desmenuzan la actuación del artista en una            serie de episodios montables. Se trata sobre todo de la iluminación,            cuya instalación obliga a realizar en muchas tomas, distribuidas            a veces en el estudio en horas diversas, la exposición de un            proceso que en la pantalla aparece como un veloz decurso unitario. Para            no hablar de montajes mucho más palpables. El salto desde una            ventana puede rodarse en forma de salto desde el andamiaje en los estudios            y, si se da el caso, la fuga subsiguiente se tomará semanas más            tarde en exteriores. Por lo demás es fácil construir casos            muchísimo más paradójicos. Tras una llamada a la            puerta se exige del actor que se estremezca. Quizás ese sobresalto            no ha salido tal y como se desea. El director puede entonces recurrir            a la estratagema siguiente: cuando el actor se encuentre ocasionalmente            otra vez en el estudio le disparan, sin que él lo sepa, un tiro            por la espalda. Se filma su susto en ese instante y se monta luego en            la película. Nada pone más drásticamente de bulto            que el arte se ha escapado del reino del halo de lo bello, único            en el que se pensó por largo tiempo que podía alcanzar            florecimiento.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>10</strong><br />
El extrañamiento del actor frente al mecanismo cinematográfico            es de todas, tal y como lo describe Pirandello, de la misma índole            que el que siente el hombre ante su aparición en el espejo. Pero            es que ahora esa imagen del espejo puede despegarse de él, se            ha hecho transportable. ¿Y adónde se la transporta? Ante            el público. Ni un solo instante abandona al actor de cine la            consciencia de ello. Mientras está frente a la cámara            sabe que en última instancia es con el público con quien            tiene que habérselas: con el público de consumidores que            forman el mercado. Este mercado, al que va no sólo con su fuerza            de trabajo, sino con su piel, con sus entrañas todas, le resulta,            en el mismo instante en que determina su actuación para él,            tan poco asible como lo es para cualquier artículo que se hace            en una fábrica. ¿No tendrá parte esta circunstancia            en la congoja, en esa angustia que, según Pirandello, sobrecoge            al actor ante el aparato? A la atrofia del aura el cine responde con            una construcción artificial de la personality fuera de los estudios;            el culto a las “estrellas”, fomentado por el capital cinematográfico,            conserva aquella magia de la personalidad, pero reducida, desde hace            ya tiempo, a la magia averiada de su carácter de mercancía.            Mientras sea el capital quien de en él el tono, no podrá            adjudicársele al cine actual otro mérito revolucionario            que el de apoyar una crítica revolucionaria de las concepciones            que hemos heredado sobre el arte. Claro que no discutimos que en ciertos            casos pueda hoy el cine apoyar, además, una crítica revolucionaria            de las condiciones sociales, incluso del orden de la propiedad. Pero            no es éste el centro de gravedad de la presente investigación            (ni lo es tampoco de la producción cinematográfica de            Europa occidental).<br />
Es propio de la técnica del cine, igual que de la del deporte,            que cada quisque asista a sus exhibiciones como un medio especialista.            Bastaría con haber escuchado discutir los resultados de una carrera            ciclista a un grupo de repartidores de periódicos, recostados            sobre sus bicicletas, para entender semejante estado de la cuestión.            Los editores de periódicos no han organizado en balde concursos            de carreras entre sus jóvenes repartidores. Y por cierto que            despiertan gran interés en los participantes. El vencedor tiene            la posibilidad de ascender de repartidor de diarios a corredor de carreras.            Los noticiarios, por ejemplo, abren para todos la perspectiva de ascender            de transeúntes a comparsas en la pantalla. De este modo puede            en ciertos casos hasta verse incluido en una obra de arte —recordemos            Tres canciones sobre Lenin de Wertoff o Borinage de Ivens. Cualquier            hombre aspirará hoy a participar en un rodaje. Nada ilustrará            mejor esta aspiración que una cala en la situación histórica            de la literatura actual.<br />
Durante siglos las cosas estaban así en la literatura: a un escaso            número de escritores se enfrentaba un número de lectores            mil veces mayor. Pero a fines del siglo pasado se introdujo un cambio.            Con la creciente expansión de la prensa, que proporcionaba al            público lector nuevos órganos políticos, religiosos,            científicos, profesionales y locales, una parte cada vez mayor            de esos lectores pasó, por de pronto ocasionalmente, del lado            de los que escriben. La cosa empezó al abrirles su buzón            la prensa diaria; hoy ocurre que apenas hay un europeo en curso de trabajo            que no haya encontrado alguna vez ocasión de publicar una experiencia            laboral, una queja, un reportaje o algo parecido. La distinción            entre autor y público está, por tanto, a punto de perder            su carácter sistemático. Se convierte en funcional y discurre            de distinta manera en distintas circunstancias. El lector está            siempre dispuesto a pasar a ser un escritor. En cuanto perito (que para            bien o para mal en perito tiene que acabar en un proceso laboral sumamente            especializado, si bien su peritaje lo será sólo de una            función mínima), alcanza acceso al estado de autor. En            la Unión Soviética es el trabajo mismo el que toma la            palabra. Y su exposición verbal constituye una parte de la capacidad            que es requisito para su ejercicio. La competencia literaria ya no se            funda en una educación especializada, sino politécnica.            Se hace así patrimonio común.<br />
Todo ello puede transponerse sin más al cine, donde ciertas remociones,            que en la literatura han reclamado siglos, se realizan en el curso de            un decenio. En la praxis cinematográfica —sobre todo en            la rusa— se ha consumado ya esa remoción esporádicamente.            Una parte de los actores que encontramos en el cine ruso no son actores            en nuestro sentido, sino gentes que desempeñan su propio papel,            sobre todo en su actividad laboral. En Europa occidental la explotación            capitalista del cine prohíbe atender la legítima aspiración            del hombre actual a ser reproducido. En tales circunstancias la industria            cinematográfica tiene gran interés en aguijonear esa participación            de las masas por medio de representaciones ilusorias y especulaciones            ambivalentes. </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>11</strong><br />
El rodaje de una película, y especialmente de una película            sonora, ofrece aspectos que eran antes completamente inconcebibles.            Representa un proceso en el que es imposible ordenar una sola perspectiva            sin que todo un mecanismo (aparatos de iluminación, cuadro de            ayudantes, etc.), que de suyo no pertenece a la escena filmada, interfiera            en el campo visual del espectador (a no ser que la disposición            de su pupila coincida con la de la cámara). Esta circunstancia            hace, más que cualquier otra, que las semejanzas, que en cierto            modo se dan entre una escena en el estudio cinematográfico y            en las tablas, resulten superficiales y de poca monta. El teatro conoce            por principio el emplazamiento desde el que no se descubre sin más            ni más que lo que sucede es ilusión. En el rodaje de una            escena cinematográfica no existe ese emplazamiento. La naturaleza            de su ilusión es de segundo grado; es un resultado del montaje.            Lo cual significa: en el estudio de cine el mecanismo ha penetrado tan            hondamente en la realidad que el aspecto puro de ésta, libre            de todo cuerpo extraño, es decir técnico, no es más            que el resultado de un procedimiento especial, a saber el de la toma            por medio de un aparato fotográfico dispuesto a este propósito            y su montaje con otras tomas de igual índole. Despojada de todo            aparato, la realidad es en este caso sobremanera artificial, y en el            país de la técnica la visión de la realidad inmediata            se ha convertido en una flor imposible.<br />
Este estado de la cuestión, tan diferente del propio del teatro,            es susceptible de una confrontación muy instructiva con el que            se da en la pintura. Es preciso que nos preguntemos ahora por la relación            que hay entre el operador y el pintor. Nos permitiremos una construcción            auxiliar apoyada en el concepto de operador usual en cirugía.            El cirujano representa el polo de un orden cuyo polo opuesto ocupa el            mago. La actitud del mago, que cura al enfermo imponiéndole las            manos, es distinta de la del cirujano que realiza una intervención.            El mago mantiene la distancia natural entre él mismo y su paciente.            Dicho más exactamente: la aminora sólo un poco por virtud            de la imposición de sus manos, pero la acrecienta mucho por virtud            de su autoridad. El cirujano procede al revés: aminora mucho            la distancia para con el paciente al penetrar dentro de él, pero            la aumenta sólo un poco por la cautela con que sus manos se mueven            entre sus órganos. En una palabra: a diferencia del mago (y siempre            hay uno en el médico de cabecera) el cirujano renuncia en el            instante decisivo a colocarse frente a su enfermo como hombre frente            a hombre; más bien se adentra en él operativamente. Mago            y cirujano se comportan uno respecto del otro como el pintor y el cámara.            El primero observa en su trabajo una distancia natural para con su dato            el cámara por el contrario se adentra hondo en la textura de            los datos. Las imágenes que consiguen ambos son enormemente diversas.            La del pintor es total y la del cámara múltiple, troceada            en partes que se juntan según una ley nueva. La representación            cinematográfica de la realidad es para el hombre actual incomparablemente            más importante, puesto que garantiza, por razón de su            intensa compenetración con el aparato, un aspecto de la realidad            despojado de todo aparato que ese hombre está en derecho de exigir            de la obra de arte.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>12</strong><br />
La reproductibilidad técnica de la obra artística modifica            la relación de la masa para con el arte. De retrógrada,            frente a un Picasso por ejemplo, se transforma en progresiva, por ejemplo            ante un Chaplin. Este comportamiento progresivo se caracteriza porque            el gusto por mirar y por vivir se vincula en él íntima            e inmediatamente con la actitud del que opina como perito. Esta vinculación            es un indicio social importante. A saber, cuanto más disminuye            la importancia social de un arte, tanto más se disocian en el            público la actitud crítica y la fruitiva. De lo convencional            se disfruta sin criticarlo, y se critica con aversión lo verdaderamente            nuevo. En el público del cine coinciden la actitud crítica            y la fruitiva. Y desde luego que la circunstancia decisiva, es ésta:            las reacciones de cada uno, cuya suma constituye la reacción            masiva del público, jamás han estado como en el cine tan            condicionadas de antemano por su inmediata, inminente masificación.            Y en cuanto se manifiestan, se controlan. La comparación con            la pintura sigue siendo provechosa. Un cuadro ha tenido siempre la aspiración            eminente a ser contemplado por uno o por pocos. La contemplación            simultánea de cuadros por parte de un gran público, tal            y como se generaliza en el siglo XIX, es un síntoma temprano            de la crisis de la pintura, que en modo alguno desató solamente            la fotografía, sino que con relativa independencia de ésta            fue provocada por la pretensión por parte de la obra de arte            de llegar a las masas.<br />
Ocurre que la pintura no está en situación de ofrecer            objeto a una recepción simultánea y colectiva. Desde siempre            lo estuvo en cambio la arquitectura, como la estuvo antaño el            epos y lo está hoy el cine. De suyo no hay por qué sacar            de este hecho conclusiones sobre el papel social de la pintura, aunque            sí pese sobre ella como perjuicio grave cuando, por circunstancias            especiales y en contra de su naturaleza, ha de confrontarse con las            masas de una manera inmediata. En las iglesias y monasterios de la Edad            Media, y en las cortes principescas hasta casi finales del siglo dieciocho,            la recepción colectiva de pinturas no tuvo lugar simultáneamente,            sino por mediación de múltiples grados jerárquicos.            Al suceder de otro modo, cobra expresión el especial conflicto            en que la pintura se ha enredado a causa de la reproductibilidad técnica            de la imagen. Por mucho que se ha intentado presentarla a las masas            en museos y en exposiciones, no se ha dado con el camino para que esas            masas puedan organizar y controlar su recepción. Y así            el mismo público que es retrógrado frente al surrealismo,            reaccionará progresivamente ante una película cómica.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>13</strong><br />
El cine no sólo se caracteriza por la manera como el hombre se            presenta ante el aparato, sino, además, por como con ayuda de            éste se representa el mundo en torno. Una ojeada a la Psicología            del rendimiento nos ilustrará sobre la capacidad del aparato            para hacer tests. Otra ojeada al psicoanálisis nos ilustrará            sobre lo mismo bajo otro aspecto. El cine ha enriquecido nuestro mundo            perceptivo con métodos que de hecho se explicarían por            los de la teoría freudiana. Un lapsus en la conversación            pasaba hace cincuenta años más o menos desapercibido.            Resultaba excepcional que de repente abriese perspectivas profundas            en esa conversación que parecía antes discurrir superficialmente.            Pero todo ha cambiado desde la Psicopatología de la vida cotidiana.            Esta ha aislado cosas (y las ha hecho analizables), que antes nadaban            inadvertidas en la ancha corriente de lo percibido. Tanto en el mundo            óptico, como en el acústico, el cine ha traído            consigo una profundización similar de nuestra apercepción.            Pero esta situación tiene un reverso: las ejecuciones que expone            el cine son pasibles de análisis mucho más exacto y más            rico en puntos de vista que el que se llevaría a cabo sobre las            que se representan en la pintura o en la escena. El cine indica la situación            de manera incomparablemente más precisa, y esto es lo que constituye            su mayor susceptibilidad de análisis frente a la pintura; respecto            de la escena, dicha capacidad está condicionada porque en el            cine hay también más elementos susceptibles de ser aislados.            Tal circunstancia tiende a favorecer —y de ahí su capital            importancia— la interpenetración recíproca de ciencia            y arte. En realidad, apenas puede señalarse si un comportamiento            limpiamente dispuesto dentro de una situación determinada (como            un músculo en un cuerpo) atrae más por su valor artístico            o por la utilidad científica que rendiría. Una de las            funciones revolucionarias del cine consistirá en hacer que se            reconozca que la utilización científica de la fotografía            y su utilización artística son idénticas. Antes            iban generalmente cada una por su lado.<br />
Haciendo primeros planos de nuestro inventario, subrayando detalles            escondidos de nuestros enseres más corrientes, explorando entornos            triviales bajo la guía genial del objetivo, el cine aumenta por            un lado los atisbos en el curso irresistible por el que se rige nuestra            existencia, pero por otro lado nos asegura un ámbito de acción            insospechado, enorme. Parecía que nuestros bares, nuestras oficinas,            nuestras viviendas amuebladas, nuestras estaciones y fábricas            nos aprisionaban sin esperanza. Entonces vino el cine y con la dinamita            de sus décimas de segundo hizo saltar ese mundo carcelario. Y            ahora emprendemos entre sus dispersos escombros viajes de aventuras.            Con el primer plano se ensancha el espacio y bajo el retardador se alarga            el movimiento. En una ampliación no sólo se trata de aclarar            lo que de otra manera no se vería claro, sino que más            bien aparecen en ella formaciones estructurales del todo nuevas. Y tampoco            el retardador se limita a aportar temas conocidos del movimiento, sino            que en éstos descubre otros enteramente desconocidos que “en            absoluto operan como lentificaciones de movimientos más rápidos,            sino propiamente en cuanto movimientos deslizantes, flotantes, supra-terrenales”.            Así es como resulta perceptible que la naturaleza que habla a            la cámara no es la misma que la que habla al ojo. Es sobre todo            distinta porque en lugar de un espacio que trama el hombre con su consciencia            presenta otro tramado inconscientemente. Es corriente que pueda alguien            darse cuenta, aunque no sea más que a grandes rasgos, de la manera            de andar de las gentes, pero desde luego que nada sabe de su actitud            en esa fracción de segundo en que comienzan a alargar el paso.            Nos resulta más o menos familiar el gesto que hacemos al coger            el encendedor o la cuchara, pero apenas si sabemos algo de lo que ocurre            entre la mano y el metal, cuanto menos de sus oscilaciones según            los diversos estados de ánimo en que nos encontremos. Y aquí            es donde interviene la cámara con sus medios auxiliares, sus            subidas y sus bajadas, sus cortes y su capacidad aislativa, sus dilataciones            y arrezagamientos de un decurso, sus ampliaciones y disminuciones. Por            su virtud experimentamos el inconsciente óptico igual que por            medio del psicoanálisis nos enteramos del inconsciente pulsional. </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>14</strong><br />
Desde siempre ha venido siendo uno de los cometidos más importantes            del arte provocar una demanda cuando todavía no ha sonado la            hora de su satisfacción plena. La historia de toda forma artística            pasa por tiempos críticos en los que tiende a urgir efectos que            se darían sin esfuerzo alguno en un tenor técnico modificado,            esto es, en una forma artística nueva. Y así las extravagancias            y crudezas del arte, que se producen sobre todo en los llamados tiempos            decadentes, provienen en realidad de su centro virtual histórico            más rico. Últimamente el dadaísmo ha rebosado de            semejantes barbaridades. Sólo ahora entendemos su impulso: el            dadaísmo intentaba, con los medios de la pintura (o de la literatura            respectivamente), producir los efectos que el público busca hoy            en el cine.<br />
Toda provocación de demandas fundamentalmente nuevas, de esas            que abren caminos, se dispara por encima de su propia meta. Así            lo hace el dadaísmo en la medida en que sacrifica valores del            mercado, tan propios del cine, en favor de intenciones más importantes            de las que, tal y como aquí las describimos, no es desde luego            consciente. Los dadaístas dieron menos importancia a la utilidad            mercantil de sus obras de arte que a su inutilidad como objetos de inmersión            contemplativa. Y en buena parte procuraron alcanzar esa inutilidad por            medio de una degradación sistemática de su material. Sus            poemas son “ensaladas de palabras” que contienen giros obscenos            y todo detritus verbal imaginable. E igual pasa con sus cuadros, sobre            los que montaban botones o billetes de tren o de metro o de tranvía.            Lo que consiguen de esta manera es una destrucción sin miramientos            del aura de sus creaciones. Con los medios de producción imprimen            en ellas el estigma de las reproducciones. Ante un cuadro de Arp o un            poema de August Stramm, es imposible emplear un tiempo en recogerse            y formar un juicio, tal y como lo haríamos ante un cuadro de            Derain o un poema de Rilke. Para una burguesía degenerada el            recogimiento se convirtió en una escuela de conducta asocial,            y a él se le enfrenta ahora la distracción como una variedad            de comportamiento social. Al hacer de la obra de arte un centro de escándalo,            las manifestaciones dadaístas garantizaban en realidad una distracción            muy vehemente. Había sobre todo que dar satisfacción a            una exigencia, provocar escándalo público.<br />
De ser una apariencia atractiva o una hechura sonora convincente, la            obra de arte pasó a ser un proyectil. Chocaba con todo destinatario.            Había adquirido una calidad táctil. Con lo cual favoreció            la demanda del cine, cuyo elemento de distracción es táctil            en primera línea, es decir, que consiste en un cambio de escenarios            y de enfoques que se adentran en el espectador como un choque. Comparemos            el lienzo (pantalla) sobre el que se desarrolla la película con            el lienzo en el que se encuentra una pintura. Este último invita            a la contemplación; ante él podemos abandonamos al fluir            de nuestras asociaciones de ideas. Y en cambio no podremos hacerlo ante            un plano cinematográfico. Apenas lo hemos registrado con los            ojos y ya ha cambiado. No es posible fijarlo. Duhamel, que odia el cine            y no ha entendido nada de su importancia, pero sí lo bastante            de su estructura, anota esta circunstancia del modo siguiente: “Ya            no puedo pensar lo que quiero. Las imágenes movedizas sustituyen            a mis pensamientos”. De hecho, el curso de las asociaciones en            la mente de quien contempla las imágenes queda enseguida interrumpido            por el cambio de éstas. Y en ello consiste el efecto de choque            del cine que, como cualquier otro, pretende ser captado gracias a una            presencia de espíritu más intensa. Por virtud de su estructura            técnica el cine ha liberado al efecto físico de choque            del embalaje por así decirlo moral en que lo retuvo el dadaísmo.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>15</strong><br />
La masa es una matriz de la que actualmente surte, como vuelto a nacer,            todo comportamiento consabido frente á las obras artísticas.            La cantidad se ha convertido en calidad: el crecimiento masivo del número            de participantes ha modificado la índole de su participación.            Que el observador no se llame a engaño porque dicha participación            aparezca por de pronto bajo una forma desacreditada. No han faltado            los que, guiados por su pasión, se han atenido precisamente a            este lado superficial del asunto. Duhamel es entre ellos el que se ha            expresado de modo más radical. Lo que agradece al cine es esa            participación peculiar que despierta en las masas. Le llama “pasatiempo            para parias, disipación para letrados, para criaturas miserables            aturdidas por sus trajines y sus preocupaciones&#8230;, un espectáculo            que no reclama esfuerzo alguno, que no supone continuidad en las ideas,            que no plantea ninguna pregunta que no aborda con seriedad ningún            problema, que no enciende ninguna pasión, que no alumbra ninguna            luz en el fondo de los corazones, que no excita ninguna otra esperanza            a no ser la esperanza ridícula de convertirse un día en            “star” en Los Ángeles”. Ya vemos que en el            fondo se trata de la antigua queja: las masas buscan disipación,            pero el arte reclama recogimiento. Es un lugar común. Pero debemos            preguntarnos si da lugar o no para hacer una investigación acerca            del cine.<br />
Se trata de mirar más de cerca. Disipación y recogimiento            se contraponen hasta tal punto que permiten la fórmula siguiente:            quien se recoge ante una obra de arte, se sumerge en ella; se adentra            en esa obra, tal y como narra la leyenda que le ocurrió a un            pintor chino al contemplar acabado su cuadro. Por el contrario, la masa            dispersa sumerge en sí misma a la obra artística. Y de            manera especialmente patente a los edificios. La arquitectura viene            desde siempre ofreciendo el prototipo de una obra de arte, cuya recepción            sucede en la disipación y por parte de una colectividad. Las            leyes de dicha recepción son sobremanera instructivas.<br />
Las construcciones han acompañado a la humanidad desde su historia            primera. Muchas formas artísticas han surgido y han desaparecido.            La tragedia nace con los griegos para apagarse con ellos y revivir después            sólo en cuanto a sus reglas. El epos, cuyo origen está            en la juventud de los pueblos, caduca en Europa al terminar el Renacimiento.            La pintura sobre tabla es una creación de la Edad Media y no            hay nada que garantice su duración ininterrumpida. Pero la necesidad            que tiene el hombre de alojamiento si que es estable. El arte de la            construcción no se ha interrumpido jamás. Su historia            es más larga que la de cualquier otro arte, y su eficacia al            presentizarse es importante para todo intento de dar cuenta de la relación            de las masas para con la obra artística. Los edificios pueden            ser recibidas de dos maneras, por el uso y por la contemplación.            0 mejor dicho: táctil y óptimamente. De tal recepción            no habrá concepto posible si nos la representamos según            la actitud recogida que, por ejemplo, es corriente en turistas ante            edificios famosos. A saber: del lado táctil no existe correspondencia            alguna con lo que del lado óptico es la contemplación.            La recepción táctil no sucede tanto por la vía            de la atención como por la de la costumbre. En cuanto a la arquitectura,            esta última determina en gran medida incluso la recepción            óptica. La cual tiene lugar, de suyo, mucho menos en una atención            tensa que en una advertencia ocasional. Pero en determinadas circunstancias            esta recepción formada en la arquitectura tiene valor canónico.            Porque las tareas que en tiempos de cambio se le imponen al aparato            perceptivo del hombre no pueden resolverse por la vía meramente            óptica, esto es por la de la contemplación. Poco a poco            quedan vencidas por la costumbre (bajo la guía de la recepción            táctil).<br />
También el disperso puede acostumbrarse. Más aún:            sólo cuando resolverlas se le ha vuelto una costumbre, probará            poder hacerse en la dispersión con ciertas tareas. Por medio            de la dispersión, tal y como el arte la depara, se controlará            bajo cuerda hasta qué punto tienen solución las tareas            nuevas de la apercepción. Y como, por lo demás, el individuo            está sometido a la tentación de hurtarse a dichas tareas,            el arte abordará la más difícil e importante movilizando            a las masas. Así lo hace actualmente en el cine. La recepción            en la dispersión, que se hace notar con insistencia creciente            en todos los terrenos del arte y que es el síntoma de modificaciones            de hondo alcance en la apercepción, tiene en el cine su instrumento            de entrenamiento. El cine corresponde a esa forma receptiva por su efecto            de choque. No sólo reprime el valor cultual porque pone al público            en situación de experto, sino, además, porque dicha actitud            no incluye en las salas) de proyección atención alguna.            El público es un examinador, pero un examinador que se dispersa.</span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
<strong>Epílogo</strong></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;font-size:x-small;"><br />
La proletarización creciente del hombre actual y el alineamiento            también creciente de las masas son dos caras de uno y el mismo            suceso. El fascismo intenta organizar las masas recientemente proletarizadas            sin tocar las condiciones de la propiedad que dichas masas urgen por            suprimir. El fascismo ve su salvación en que las masas lleguen            a expresarse (pero que ni por asomo hagan valer sus derechos). Las masas            tienen derecho a exigir que se modifiquen las condiciones de la propiedad;            el fascismo procura que se expresen precisamente en la conservación            de dichas condiciones. En consecuencia, desemboca en un esteticismo            de la vida política. A la violación de las masas, que            el fascismo impone por la fuerza en el culto a un caudillo, corresponde            la violación de todo un mecanismo puesto al servicio de la fabricación            de valores culturales.<br />
Todos los esfuerzos por un esteticismo político culminan en un            solo punto. Dicho punto es la guerra. La guerra, y sólo ella,            hace posible dar una meta a movimientos de masas de gran escala, conservando            a la vez las condiciones heredadas de la propiedad. Así es como            se formula el estado de la cuestión desde la política.            Desde la técnica se formula del modo siguiente: sólo la            guerra hace posible movilizar todos los medios técnicos del tiempo            presente, conservando a la vez las condiciones de la propiedad. Claro            que la apoteosis de la guerra en el fascismo no se sirve de estos argumentos.            A pesar de lo cual es instructivo echarles una ojeada. En el manifiesto            de Marinetti sobre la guerra colonial de Etiopía se llega a decir:            “Desde hace veintisiete años nos estamos alzando los futuristas            en contra de que se considere a la guerra antiestética&#8230; Por            ello mismo afirmamos: la guerra es bella, porque, gracias a las máscaras            de gas, al terrorífico megáfono, a los lanzallamas y a            las tanquetas, funda la soberanía del hombre sobre la máquina            subyugada. La guerra es bella, porque inaugura el sueño de la            metalización del cuerpo humano. La guerra es bella, ya que enriquece            las praderas florecidas con las orquídeas de fuego de las ametralladoras.            La guerra es bella, ya que reúne en una sinfonía los tiroteos,            los cañonazos, los altos el fuego, los perfumes y olores de la            descomposición. La guerra es bella, ya que crea arquitecturas            nuevas como la de los tanques, la de las escuadrillas formadas geométricamente,            la de las espirales de humo en las aldeas incendiadas y muchas otras&#8230;            ¡Poetas y artistas futuristas&#8230; acordaos de estos principios            fundamentales de una estética de la guerra para que iluminen            vuestro combate por una nueva poesía,, por unas artes plásticas            nuevas!”.<br />
Este manifiesto tiene la ventaja de ser claro. Merece que el dialéctico            adopte su planteamiento de la cuestión. La estética de            la guerra actual se le presenta de la manera siguiente: mientras que            el orden de la propiedad impide el aprovechamiento natural de las fuerzas            productivas, el crecimiento de los medios técnicos, de los ritmos,            de las fuentes de energía, urge un aprovechamiento antinatural.            Y lo encuentra en la guerra que, con sus destrucciones, proporciona            la prueba de que la sociedad no estaba todavía lo bastante madura            para hacer de la técnica su órgano, y de que la técnica            tampoco estaba suficientemente elaborada para dominar las fuerzas elementales            de la sociedad. La guerra imperialista está determinada en sus            rasgos atroces por la discrepancia entre los poderosos medios de producción            y su aprovechamiento insuficiente en el proceso productivo (con otras            palabras: por el paro laboral y la falta de mercados de consumo). La            guerra imperialista es un levantamiento de la técnica, que se            cobra en el material humano las exigencias a las que la sociedad ha            sustraído su material natural. En lugar de canalizar ríos,            dirige la corriente humana al lecho de sus trincheras; en lugar de esparcir            grano desde sus aeroplanos, esparce bombas incendiarias sobre las ciudades;            y la guerra de gases ha encontrado un medio nuevo para acabar con el            aura.<br />
“Fíat ars, pereat mundus”, dice el fascismo, y espera            de la guerra, tal y como lo confiesa Marinetti, la satisfacción            artística de la percepción sensorial modificada por la            técnica. Resulta patente que esto es la realización acabada            del “l’art pour l&#8217;art”. La humanidad, que antaño,            en Homero, era un objeto de espectáculo para los dioses olímpicos,            se ha convertido ahora en espectáculo de sí misma. Su            auto-alienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su            propia destrucción como un goce estético de primer orden.            Este es el esteticismo de la política que el fascismo propugna.            El comunismo le contesta con la politización del arte.<br />
</span></p>
<p>﻿Extraído de http://www.agitpropart.net/anexos/walterbenjamin.htm</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Festival Latinoamericano de la Clase Obrera</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Dec 2009 00:30:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nu</dc:creator>
				<category><![CDATA[1]]></category>

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		<description><![CDATA[

Un festival de cine político celebrado en Uruguay (del 1 al 5 de diciembre de 2009)
Estos días nuestro documental &#8220;Fuegos Bajo el Agua&#8221; ha sido presentado en el FELCO, una propuesta de unos compañeros argentinos en torno al audiovisual comprometido con el cambio social.
De los trabajos presentados destaca las formas de hacer de colectivos como [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=islatortuga.wordpress.com&blog=4874982&post=158&subd=islatortuga&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;"><a href="http://islatortuga.files.wordpress.com/2009/12/1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-159" title="1" src="http://islatortuga.files.wordpress.com/2009/12/1.jpg?w=700&#038;h=206" alt="" width="700" height="206" /></a></p>
<p style="text-align:left;">
<p style="text-align:left;"><strong>Un festival de cine político celebrado en Uruguay (del 1 al 5 de diciembre de 2009)</strong></p>
<p style="text-align:left;">Estos días nuestro documental &#8220;Fuegos Bajo el Agua&#8221; ha sido presentado en el <a href="http://felcoargentina.com.ar/" target="_blank">FELCO</a>, una propuesta de unos compañeros argentinos en torno al audiovisual comprometido con el cambio social.</p>
<p style="text-align:left;">De los trabajos presentados destaca las formas de hacer de colectivos como <a href="http://ojoobrero.org/" target="_blank">Ojo Obrero</a> o <a href="http://www.silbandobembas.com.ar" target="_blank">Silbando Bembas</a>. Estos grupos de cine militante se plantean representar luchas sociales acompañándolas y realizándolas conjuntamente con las organizaciones a las que filman.</p>
<p>En estos días hemos estado discutiendo qué significa hacer un cine militante, o qué puede ser lo específicamente político de la imagen. Es un tema complejo, tan complejo como parece, así que a partir de ahora voy a colgar algunos textos que puedan ayudarnos a escribir una declaración de intenciones con los compañeros del FELCO.</p>
<p><strong>Algunas notas sobre creación colectiva</strong></p>
<p>Sin embargo, una cosa me parece evidente de la forma en la que trabajan estos colectivos –y otros que a lo largo del planeta y de la historia del cine se han planteado temas similares– la elaboración colectiva dinamita muchos de los presupuestos en los que se basan las ideas hegemónicas sobre la creación. Ya sea porque el cine “de autor” o el documental de creación no quieren perder su independencia creativa; o porque el periodismo o el cine industrial no puedan romper con sus rutinas productivas, pedir la opinión sobre nuestro trabajo a los propios participantes es un tabú en el mundo de la creación audiovisual. ¿Por qué iban a tener los propios representados algo que decir sobre la manera en la que se les representa?</p>
<p>Evidentemente las formas de trabajo de cada uno dependen de múltiples factores, pero en el caso de que intentemos hacer un cine comprometido con las luchas, tener en cuenta lo que tienen que decir los implicados en ellas sobre nuestra forma de narrarlas, es una consideración política ineludible.</p>
<p>Me comenta Ale, de Ojo Obrero, que las respuestas que los implicados en los videos de su colectivo dan a los visionados conjuntos de los documentales son reflexiones sobre todo de índole política. Quizás los cineastas tengamos mucho que aprender de la gente que retratamos. Si la lucha que filmamos ha nacido para modificar el mundo, la nuestra como cineastas es comunicarla al mundo, pero también impulsar su propio proceso interno de organización utilizando el propio vídeo como herramienta.</p>
<p style="text-align:center;">
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	</item>
		<item>
		<title>&#8220;Zelaya no va a renunciar a la batalla fundamental que es la constituyente&#8221;.</title>
		<link>http://islatortuga.wordpress.com/2009/10/16/golpe-honduras-2/</link>
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		<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 15:17:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nu</dc:creator>
				<category><![CDATA[movimientos  populares]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://islatortuga.wordpress.com/?p=141</guid>
		<description><![CDATA[Germán Espinalz, embajador de Honduras en Venezuela.
Esta entrevista ha sido realizada  en vídeo por la corresponsal de Presstv.ir en Caracas, Uzma Hussain con la que colaboro (13-10-09). Aquí unos fragmentos de la misma:

Todos los medios de comunicación destacan la decisión del legítimo presidente de Honduras, Manuel Zelaya de renunciar al proceso de reforma constitucional. Sin [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=islatortuga.wordpress.com&blog=4874982&post=141&subd=islatortuga&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><h3>Germán Espinalz, embajador de Honduras en Venezuela.</h3>
<p>Esta entrevista ha sido realizada  en vídeo por la corresponsal de <a href="http://www.presstv.ir/" target="_blank">Presstv.ir</a> en Caracas, Uzma Hussain con la que colaboro (13-10-09). Aquí unos fragmentos de la misma:</p>
<p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://islatortuga.wordpress.com/2009/10/16/golpe-honduras-2/"><img src="http://img.youtube.com/vi/spkAyB6QLB0/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
<p>Todos los medios de comunicación destacan la decisión del legítimo presidente de Honduras, Manuel Zelaya de renunciar al proceso de reforma constitucional. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Como afirma su embajador en Caracas, Germán Espinalz, Zelaya no puede dejar de lado su principal &#8220;bandera de lucha&#8221; bajo la cual ha obtenido el apoyo del pueblo hondureño. &#8220;Es una demanda histórica y no se puede renunciar a ella porque implica el progreso social y la posibilidad de inclusión de grandes sectores populares a la democracia hondureña, y estará colocada en la agenda política presente en el mediano plazo y en el futuro&#8221;, explica Espinalz.</p>
<p>Aparentemente este rumor de que Zelaya va a abandonar el proyecto de la nueva constituyente tiene como objetivo desalentar a la población que desde el golpe de estado está tomando las calles. Estas movilizaciones son en apoyo de un hombre, Zelaya, pero como símbolo o posibilidad de realización de un nuevo proyecto de país que va a llevar a Honduras cerca de la esperanza que recorre Latinoamérica –una esperanza en la justicia, largamente incubada ya por años de dictaduras o falsas democracias. &#8220;No hay democracia con hambre ni libertad con injusticia&#8221; sería la nueva bandera de las movilizaciones populares insurgentes.</p>
<address><strong>Las próximas elecciones</strong></address>
<address><strong><br />
</strong></address>
<p>Así pues, Espinalz desconfía de las próximas elecciones en Honduras como casi todos los que no están obligados a creer que el gobierno golpista tiene relación con algún significado que tenga o haya podido tener la democracia. Según Espinalz, &#8220;en Centroamérica y de manera particular en mi país, las elecciones han sufrido falta de credibilidad con demasiada frecuencia. Por lo tanto, en estas condiciones anormales donde se ha alterado el curso político y hay un gobierno autoritario fruto de un golpe de estado, los comicios carecen de legalidad y legitimidad&#8221;. El embajador recuerda la tristemente célebre frase &#8220;acta mata voto&#8221; que está fresca en el sentir del pueblo respecto a la democracia representativa hondureña.</p>
<address><strong>Guerra química y tecnológica: el amigo israelí</strong></address>
<address><strong><br />
</strong></address>
<p>Mientras el presidente sigue refugiado en la embajada brasileña, los marionetas en el poder han tenido que dejar ver su cara más ridícula, la de intentar ser los nuevos Pinochet del continente prometiendo ejercer la fuerza contra los representantes del estado brasileño. Sin embargo, el plazo dado por Micheletti a Zelaya y los refugiados en la embajada venció la semana pasada y el territorio de ésta no ha sido traspasado. Al menos, no con la guerra convencional. Ezpinalz también nos explicó los efectos más crueles de la nueva guerra tecnológica y química. Las personas que se refugiaron en la embajada brasileña y el pueblo hondureño que fue a mostrar su apoyo a Zelaya sufrió los ataques con gases –una mezcla de nitrógeno y cloro– de origen israelí. &#8220;Más de 70 personas sufrieron vómitos, mareos y muchos perdieron el conocimiento, entre ellos el presidente, por culpa de unos gases con potencial efecto letal&#8221;, se lamenta el embajador.</p>
<p>En estos días los manifestantes también han conocido una de las novedosas armas israelíes contra la democracia, el LRAD (Long Range Acoustic Device) famoso cañón de sonido de altos decibeles. Como explica Espinalz, el golpe &#8220;ha sido asistido técnica y políticamente por Israel&#8221;, uno de los pocos países del mundo que ha reconocido al nuevo e ilegítimo gobierno de Micheletti. Estas armas han sido proporcionadas por las empresas Alfacom e Intercom, propiedad de Yehuda Leitner, antiguo conocido de la política de izquierdas en Centroamérica –un ex-oficial del ejército israelí israelí vinculado con el multimillonario Gerard Latchinian. Este último, recuerda el embajador, &#8220;lleva desde los años 80 vendiendo armas en la zona y estuvo vinculado con el escándalo Irán-contra&#8221; –la venta de armas a Irán para financiar a la contrarevolución en Nicaragua en la que estuvo implicado el gobierno de Reagan–. Estos personajes han conseguido influencias el ejército hondureño y llevan un tiempo ejerciendo de lobby &#8220;par obtener la concesión de las prisiones una vez que éstas sean privatizadas&#8221;. &#8220;Un lucrativo negocio&#8221;, recuerda el embajador.</p>
<p>Para Espinalz &#8220;el golpe de estado en Honduras es un desafío al mundo&#8221;, y esperemos que tenga razón cuando afirma que &#8220;los golpistas se equivocaron de tiempo, se equivocaron de país y de pueblo y se equivocaron de presidente&#8221;. Adelante Honduras!</p>
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		<title>Eat the rich</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Oct 2009 15:37:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
parece que es de Banksy
Cómete a los ricos *Con nuestra nueva oferta 2 por 1, que incluye una botella de vino

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<p>parece que es de Banksy</p>
<p>Cómete a los ricos *Con nuestra nueva oferta 2 por 1, que incluye una botella de vino</p>
<p><img src="///Users/nu/Desktop/1254497035485vitrina1gd.jpg" alt="" /></p>
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		<title>Promo del documental Fuegos Bajo el Agua</title>
		<link>http://islatortuga.wordpress.com/2009/10/11/promo-fuegos/</link>
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		<pubDate>Sun, 11 Oct 2009 13:49:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Pronto en las pantallas de tv en Caracas y en internet en el mundo:

Este documental pretende rescatar la experiencia política de organización y
lucha del pueblo venezolano a partir de un reflexión sobre la historia de una parroquia: 23 de Enero.
Desde su fundación, las organizaciones populares de este barrio han destacado por su papel en los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=islatortuga.wordpress.com&blog=4874982&post=123&subd=islatortuga&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Pronto en las pantallas de tv en Caracas y en internet en el mundo:</p>
<p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://islatortuga.wordpress.com/2009/10/11/promo-fuegos/"><img src="http://img.youtube.com/vi/PUcB_JRADxM/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
<p>Este documental pretende rescatar la experiencia política de organización y<br />
lucha del pueblo venezolano a partir de un reflexión sobre la historia de una parroquia: 23 de Enero.</p>
<p>Desde su fundación, las organizaciones populares de este barrio han destacado por su papel en los acontecimientos políticos que han marcado el devenir histórico de Venezuela y que han conducido al país a un proceso revolucionario de nuevo cuño con la llegada al poder de Hugo Chávez.</p>
<p>A partir de sus protagonistas y de los movimientos de base del 23 se hace un recorrido por los acontecimientos históricos más significativos desde la fundación del barrio hasta nuestros días, incidiendo en la relación entre luchas populares típicamente barriales: luchas por servicios básicos, cultura, etc. y la organización histórica de la izquierda venezolana y caraqueña.</p>
<p>Respecto al momento actual, este trabajo interroga sobre las nuevas dificultades y retos de la movilización popular que se abren con el gobierno revolucionario.</p>
<p>FUEGOS BAJO EL AGUA: GEOGRAFÍAS DE LA POLÍTICA</p>
<p>FDURACIÓN: 77&#8242;<br />
DIRECCIÓN: LENIN BREA Y NURIA VILA<br />
CÁMARA: VICENT CHANZÁ<br />
CÁMARA2: VIRGINIA FERNÁNDEZ<br />
INVESTIGACIÓN DE CAMPO: RAMÓN CASTILLO<br />
EDICIÓN: LENIN BREA Y NURIA VILA</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Entrevista Roland Denis:  “En Venezuela necesitamos una segunda rebelión antiburocrática e igualitaria”</title>
		<link>http://islatortuga.wordpress.com/2009/10/11/roland-denis/</link>
		<comments>http://islatortuga.wordpress.com/2009/10/11/roland-denis/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 11 Oct 2009 02:10:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nu</dc:creator>
				<category><![CDATA[movimientos  populares]]></category>
		<category><![CDATA[venezuela]]></category>
		<category><![CDATA[caracas]]></category>
		<category><![CDATA[revolución bolivariana]]></category>

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		<description><![CDATA[El amigo Amador ha editado una entrevista que le hicimos a Roland Denis, un compañero de los movimientos sociales de aquí de Venezuela para el documental que pronto estrenaremos Lenin y yo muy pronto.
Aquí el resumen y pronto la entrevista completa en texto junto con las otras entrevistas del documental.
edición de Amador Fernández-Savater en el [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=islatortuga.wordpress.com&blog=4874982&post=105&subd=islatortuga&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>El amigo Amador ha editado una entrevista que le hicimos a Roland Denis, un compañero de los movimientos sociales de aquí de Venezuela para el documental que pronto estrenaremos Lenin y yo muy pronto.</p>
<p>Aquí el resumen y pronto la entrevista completa en texto junto con las otras entrevistas del documental.</p>
<p><a title="Entrevista en Público" href="http://blogs.publico.es/fueradelugar/87/en-venezuela-necesitamos-una-segunda-rebelion-antiburocratica-e-igualitaria" target="_blank">edición de Amador Fernández-Savater en el diario Público</a></p>
<p>Roland Denis es escritor y militante político venezolano. Su trayectoria ha estado siempre vinculada a los movimientos de base. Es autor de varios libros sobre la historia de las rebeliones sociales en su país (el último se titula Los fabricantes de rebelión; movimientos populares, chavismo y sociedad en los años 90). Entre 2002 y 2003 fue viceministro de Planificación y Desarrollo del gobierno Chávez.<img src="///Users/nu/Desktop/roland_denis_resalto_que.jpg" alt="" /><img style="margin:10px;" title="roland_denis" src="http://islatortuga.files.wordpress.com/2009/10/roland_denis_resalto_que1.jpg?w=300&#038;h=200" alt="roland_denis" width="300" height="200" /><img src="///Users/nu/Desktop/roland_denis_resalto_que.jpg" alt="" /></p>
<p>Lo que ocurre en Venezuela no se puede entender si, más allá de la figura de Hugo Chávez, no se ve ni se valora el papel jugado por un movimiento de base sumamente rico y complejo, siempre en una relación problemática con el Estado. ¿Cuál es el punto actual en esa tensión entre las instituciones estatales y las nuevas instituciones de lo común?</p>
<p><strong>¿Dónde arraiga el proceso político que se vive en Venezuela?</strong></p>
<p>En los años 80 aparece un principio muy importante que es el principio del poder popular. No se hablaba de eso en los años 60, entonces se hablaba de luchas de liberación nacional. El modelo capitalista se cuestionaba desde fuera, simplemente visto como un esquema de explotación de los pueblos, donde nosotros como país, como nación, en una relación totalmente desigual y opresiva, salíamos perdiendo totalmente dentro de este orden internacional. Pero cuando aparece el principio del poder popular a finales de los años 80 se empieza a cuestionar desde dentro todo lo que es el modelo capitalista en sí mismo: desde el punto de vista de la mujer, de la salud, de la educación, de las relaciones de producción, de la división del trabajo, etc. Ahí comienza también un cuestionamiento del Estado como tal, ya no simplemente como Estado capitalista al que hay que oponer un Estado proletario, o como un Estado que supuestamente sería reflejo de los intereses de una clase social, sino del Estado mismo como máquina de poder, como división entre quien manda y quien obedece. Hay que entender que toda la programática de la revolución bolivariana es una programática profundamente libertaria, de ahí que aquí se hable abiertamente de la necesidad del desarrollo de otro poder completamente distinto, que tenga como base la capacidad de autogestión y autogobierno del pueblo como tal.</p>
<p><span id="more-105"></span></p>
<p><strong>¿Y cómo se concreta esto?</strong></p>
<p>En un proceso de organización desde abajo inédito en el mundo, que construye las bases para una economía alternativa y de cooperativas. Lo que llamamos una “democracia participativa y protagónica” basada en consejos comunales, Misiones, asambleas constituyentes, etc. Estamos hablando de la politización de una franja de la sociedad inmensa y esa politización exige de la existencia de órdenes de realidad, órdenes de poder, órdenes republicanos, completamente contrarios a lo que es el orden de Estado, a lo que son las relaciones políticas de dominio, a lo que son las relaciones de producción como tal, etc. Es una línea de acción que sigue estando ahí, incluso en la palabra del presidente, pero ahora queda cada vez más contrarrestada por la acción de una máquina burocrática, oligárquica y económica que la niega permanentemente.</p>
<p><strong>¿Cómo?</strong></p>
<p>Un ejemplo ilustrativo son las Misiones sociales. Las Misiones fueron concebidas en los años 2002-2003 como el nacimiento de un nuevo orden de Estado, de un nuevo poder completamente ajeno a la lógica burocrática. La militancia social se incorporó masivamente a este proceso. Pero la enorme capacidad rentaria del Estado en estos últimos años le ha dado mucho poder para cooptar trabajo militante. Las Misiones han perdido la visión de autonomía y de ruptura con la burocracia, se han institucionalizado. En general, una burocracia política ha capturado el lenguaje, la programática, la imaginería de esperanza que se desarrolló en los años 80 y 90 en este país.</p>
<p><strong>¿Cómo se explica esa burocratización del impulso libertario?</strong></p>
<p>Es difícil entender cómo un movimiento que hasta el año 2004 (cuando el Referéndum presidencial) tiene un comportamiento de dignidad auténtica y de profunda autonomía, se subordina a partir de entonces a las decisiones del Estado. ¿Cómo es posible que un movimiento popular haya puesto su deseo en el deseo del Otro? Lo planteo en los términos del psicoanálisis porque las claves políticas tradicionales no bastan para entenderlo: ¿cómo es posible que el movimiento popular apoye a candidatos a la gobernación o a la alcaldía que se sabe que son ladrones y traidores sólo porque el deseo de una cierta cúpula política le pide que ése sea su deseo? Es el esquema básico de la histeria.</p>
<p><strong>¿Qué papel tiene la figura de Hugo Chávez ahí?</strong></p>
<p>Decíamos lo curioso que es que una revolución que maneja códigos profundamente libertarios, socializantes y igualitarios tenga luego una tendencia hacia la burocratización. La figura de Hugo Chávez juega un papel contradictorio. Por un lado, es el liberador de un conjunto de señales de emancipación y cohesión hacia la gente. Por otro lado, es la figura que ha impedido, a través de su inmensa capacidad de liderazgo, que esa rebelión no llegue hasta el punto de romper el Estado tradicional venezolano, el Estado gomecista, el Estado que creó Juan Vicente Gómez, un Estado incuestionable. Con eso no quiero decir que entonces hay que agarrar y acabar con Hugo Chávez. Hugo Chávez es un símbolo. Si puede servir que sirva. Ahora, el problema es cómo ese símbolo lo aprovecha luego el aparato burocrático para estancar y paralizar totalmente las luchas reales de liberación.</p>
<p><strong>¿Por ejemplo?</strong></p>
<p>Si aquí manda el pueblo y Chávez es el pueblo, pues aquí manda Chávez. Por ejemplo se toma una fábrica y los obreros reclaman control obrero. Inmediatamente viene la gobernación a decirles: “señores, esto es un Estado socialista, el Estado revolucionario toma el mando de esta empresa, ustedes vuelven a sus tareas de obreros. Los sueldos los ponemos nosotros y los mandos los ponemos nosotros”. Eso es una acción contrarrevolucionaria por excelencia que todos los días se está dando en Venezuela. Esas circunstancias van debilitando propiamente lo que es en definitiva el alma de toda revolución que es la liberación espiritual de un pueblo de sus nudos de opresión antiquísimos.</p>
<p><strong>¿Y qué papel juega en esa burocratización la confrontación con la derecha?</strong></p>
<p>No hay una derecha al margen del Estado. La derecha es la expresión política de las clases y de los intereses dominantes dentro de una sociedad. Cuando afirmo que los intereses dominantes de la explotación y la opresión de los pueblos están presente dentro del gobierno hablo de una derecha endógena. Entonces, identificarla ¿es darle armas al enemigo? ¿Hay un enemigo y hay otro enemigo? Ahora se da aquí un fenómeno recurrente en las revoluciones. De pronto alguien dice: “cállate, no cuestiones, no critiques, porque si hablas le estás dando armas al enemigo”. En otras palabras, la revolución tiene que hacerse sobre la base del silencio y la quietud. Es una ley bastante curiosa ésa que dice que las cosas se van a transformar sobre la quietud de los elementos. Físicamente es imposible, porque para que las cosas se transformen tiene que haber un choque que permita reordenar el conjunto de los elementos de un todo. Pero aquí el mensaje es: “mientras te quedes absolutamente quieto y sólo juegues el papel de sujeto que obedece a unos mando perfectamente identificados, en esa medida se va a poder transformar la realidad”. Ese esquema absurdo lo construyen en Venezuela precisamente las burocracias, la derecha endógena. El 90% de los movimientos populares lo rechazan, pero no tienen una respuesta política al respecto.</p>
<p><strong>¿Dónde depositas ahora tus esperanzas?</strong></p>
<p>En el hecho de que las luchas sociales siguen vivas, así como la capacidad para imaginar que podemos vivir en una sociedad de libres e iguales. Todo eso está consolidado dentro de una franja muy importante de la población, yo diría que no menos del 20%. Esa esperanza produce tensiones de transformación en todos los aspectos de la sociedad. Empieza a emerger un movimiento de base de sindicatos, consejos de trabajadores y cooperativas que están rompiendo totalmente con las prácticas sindicales clásicas y las tentativas de centralización del movimiento obrero. Por otro lado, hay también un movimiento campesino y comunitario que empieza a presionar por todos lados cultural y políticamente. Yo creo que de alguna manera la memoria que ha quedado de estos 20 años de rebelión permanente nos va a dar el piso suficiente como para que se pueda romper definitivamente con todas estas costras que se han instalado dentro del poder de Estado, con esa cultura militarizada y burocratizada del poder.</p>
<p>Liberarse ahora, es decir, producir esa segunda rebelión antiburocrática, antijerárquica, igualitaria, autogobernante y autogestionaria, no va a ser fácil. Evidentemente no va a ser fácil por la propia composición orgánica de lo que es nuestra sociedad, es decir, una sociedad clientelar que necesita permanentemente del Estado, una población poco ligada a sistemas de producción eficiente, a un capital productivo importante (incluso en una sociedad capitalista productiva), una sociedad más bien de consumo, una sociedad de rebusque, una sociedad que no se pregunta a sí misma cómo producir nada, sino simplemente cómo se busca el dinero para consumir lo que se quiere consumir. Entonces, culturalmente, en ese sentido hay una brecha que tenemos que atravesar, pero en todo caso ahí está la historia: la distancia entre lo que son las determinaciones estructurales (culturales, etc.) de una sociedad y lo que son esos eventos mágicos que reinterpretan y hacen saltar la historia hacia otros niveles. En el caso particular de Venezuela se han dado cosas increíbles en ese sentido, que una sociedad tan descuartizada como la nuestra, tan empobrecida desde todo punto de vista, no sólo material, haya llegado hasta donde ha llegado parece inexplicable. Porque, ¿desde dónde se hace, cuál es el sujeto o la base material cultural que te garantiza eso? Bueno, sucedió porque sucedió y ahí estamos. Yo sigo apostando a esa magia de la historia que nos va a permitir en este momento sacarnos esta costra que ahora todo lo invade quitándole el oxígeno a lo que son los propósitos de liberación.</p>
<p>Han de desarrollarse movimientos. No es un problema de nadie en particular, ni nadie tiene la respuesta iluminada sobre eso. Sencillamente van a aparecer y en el momento en que aparezca el movimiento va a ser extraordinario porque va a sumar rapidísimo, va a multiplicar colectivo de una manera tan gigantesca como se dio precisamente en los años 80 y los años 90, donde pequeños fenómenos por su capacidad de condensación de lo que es la rabia colectiva tenían una capacidad de concentración de fuerza muy fuerte. Eso en cualquier momento va a suceder en Venezuela. ¿Cuándo se dará esa liberación espiritual? ¿La habrá? ¿No la habrá? Bueno, mi trabajo diario quiere contribuir a provocar las condiciones, al menos de debate, de organización, de movilidad, para que pueda darse. Esa es mi tarea y es la tarea de muchísimos que estamos todavía comprometidos históricamente con esta lucha.</p>
<p>El proceso de cooptación jamás ha sido un proceso total, esto es, uno no se convierte nunca en un sujeto absolutamente pasivo que simplemente recibe órdenes de un mando superior. Siempre quedan resquicios dentro de esa realidad desde los cuales se puede ir desarrollando una experiencia de autonomía, de autogestión, de autogobierno. Ese es el caso de muchos consejos comunales y, en general, de muchísimas expresiones de lo que es el movimiento popular organizado en este momento. Ahí hay una experiencia latente, que está en la piel de la gente y que en este momento es valiosísima. Una experiencia que no teníamos en absoluto hace diez años, así que no podemos decir que se haya perdido el tiempo en absoluto. La historia no se ha acabado definitivamente.</p>
<p>———–</p>
<p>La voz de Roland Denis es una voz verdaderamente ‘fuera de lugar’. Por eso recomiendo, especialmente en este caso, complementar la lectura de esta entrevista con otras lecturas para comprender mejor su posición, el contexto real de prácticas desde el que habla, la evolución y los matices de un pensamiento en situación. Por ejemplo:</p>
<p>(artículos de Roland Denis en aporrea.org)</p>
<p>http://www.aporrea.org/autores/roland/</p>
<p>(entrevista con Raúl Zelik)</p>
<p>http://www.raulzelik.net/textarchiv/espanol/denis-esp.htm</p>
<p>(en Viento Sur)</p>
<p>http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=1197</p>
<p>(Revolución dentro de la revolución)</p>
<p>http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/a/2006/07/07/p1749</p>
  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/islatortuga.wordpress.com/105/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/islatortuga.wordpress.com/105/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/islatortuga.wordpress.com/105/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/islatortuga.wordpress.com/105/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/islatortuga.wordpress.com/105/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/islatortuga.wordpress.com/105/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/islatortuga.wordpress.com/105/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/islatortuga.wordpress.com/105/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/islatortuga.wordpress.com/105/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/islatortuga.wordpress.com/105/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=islatortuga.wordpress.com&blog=4874982&post=105&subd=islatortuga&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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	</item>
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		<title>Guerrilla de la comunicación</title>
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		<comments>http://islatortuga.wordpress.com/2009/09/07/guerrilla-de-la-comunicacion/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 07 Sep 2009 17:47:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nu</dc:creator>
				<category><![CDATA[arte y política]]></category>
		<category><![CDATA[arte activista]]></category>
		<category><![CDATA[ARTE POLÍTICO]]></category>
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		<description><![CDATA[Desde hace algún tiempo estoy dando unos talleres de &#8220;Guerrilla de la Comunicación&#8221; en la Escuela de Medios Audiovisuales de Ávila TV en Caracas, y en espacios populares de la ciudad. Voy a colgar algo de información que puede ser útil a quien quiera investigar un poco más sobre el tema. Quienes iniciaron una teorización [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=islatortuga.wordpress.com&blog=4874982&post=91&subd=islatortuga&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Desde hace algún tiempo estoy dando unos talleres de &#8220;Guerrilla de la Comunicación&#8221; en la Escuela de Medios Audiovisuales de Ávila TV en Caracas, y en espacios populares de la ciudad. Voy a colgar algo de información que puede ser útil a quien quiera investigar un poco más sobre el tema. Quienes iniciaron una teorización sobre estas experiencias son los autores del libro &#8220;Manual de Guerrilla de la Comunicación&#8221; por Luther Blisset, Sonja Brunzels y el Grupo Autónomo AFRIKA que está editado por virus. <a title="Reseña del libro" href="http://www.grupotortuga.org/article.php3?id_article=1160&amp;var_recherche=guerrilla" target="_blank"></a><span style="font-family:Verdana;font-size:xx-small;"> </span></p>
<p>El programa, muy resumido es éste:</p>
<p>1 Intro: ¿Qué es la Guerrilla de la Comunicación?</p>
<ul>
<li>Comunicación y poder: gramática cultural y lucha por los significados. Referencias teóricas: Roland Barthes y Antonio Gramsci.</li>
</ul>
<ul>
<li>Diferencia entre táctica y estrategia. La oposición en la vida cotidiana. Referencias teóricas: Michel De Certeau.</li>
</ul>
<ul>
<li>La producción de valor mediante la reapropiación de la creatividad social en el capitalismo tardío. Inspiración: Toni Negri, Paolo Virno, Maurizio Lazzarato.</li>
</ul>
<ul>
<li>Características de los mensajes que vamos a producir. La economía de la atención. Comunicación vírica. Polisemia y contenido político.</li>
</ul>
<p>2 Tácticas y técnicas:</p>
<ul>
<li>Tergiversación (detournement): Los situacionistas, el cine y el cómic. La batalla a la publicidad y el culture jamming. Intervenciones Gráficas. Diseño y política.</li>
</ul>
<ul>
<li>Apropicionismo: Ejemplos de la historia del vídeo y collage. Nuevas estrategias creativas y cultura digital: netart, videojuegos, la cultura del &#8220;download&#8221;. ¿Cómo se hace un video partiendo de un videojuego? Fuentes y recursos para buscar video en internet: archivos públicos, material copyleft… El bootleg, generación de mapas interactivos en tiempo real. Imagen digital: animación gráfica.</li>
</ul>
<ul>
<li>Impostura: El Fake y la intervención en los medios de comunicación. El avergonzamiento táctico. La guerrilla y la identidad. La creación de acontecimientos mediáticos. Comunicación y acción.</li>
</ul>
<p>Un vídeo mío sobre el tema (un poco viejo ya&#8230;) <a href="http://www.archive.org/details/Guerrilla_de_la_comunicacion" target="_blank">http://www.archive.org/details/Guerrilla_de_la_comunicacion</a></p>
<p>Un festivalde Barcelona que trata estos temas donde podéis encontrar proyectos interesantes con los vídeos de las charlas:<a href="http://www.theinfluencers.org/" target="_blank"> http://www.theinfluencers.org/</a></p>
<p>Más información:<span id="more-91"></span></p>
<p>Fragmento del libro:<br />
<a href="http://metabolik.hacklabs.org/alephandria/txt/guerrilla.pdf -otro fragmento que está en la página de un festival en el que trabajo en barcelona: http://www.d-i-n-a.net/influencers/06/es/cache/guerrilla.PDF  (si alguien quiere ver de qué va el festival puede ver un vídeo aquí: http://www.youtube.com/watch?v=6Pc2wqoVnUU&amp;eurl=  sobre nombres múltiples: http://www.lutherblissett.net/archive/170_sp.html o  http://www.republicart.net/disc/artsabotage/afrikagruppe02_es.pdf  El colectivo Wu Ming entrevista a los autores del libro un tiempo después: http://www.antimilitaristas.org/article.php3?id_article=2731  -Un buen resumen de los compas de Rosario en Argentina bastante centrado en las cuestiones artísticas: http://www.liminar.com.ar/jornadas04/ponencias/caiazza.pdf - Otro trabajo on line sobre el libro: http://es.wikibooks.org/wiki/Pisolog%C3%ADa_Social_de_la_Comunicaci%C3%B3n/D4a  para bajaros el video que vimos el primer día: http://www.archive.org/details/Guerrilla_de_la_comunicacion  SITUACIONISMO:  -sobre la tergiversación: http://sindominio.net/ash/is0303.htm (del archivo de situacionismo hispano)  media alternativos y cultura open source / copyleft mediactivismo:  http://dvactivisme.org http://sindominio.net/afe/dos_mediactivismo/index.htm http: ______________________________________________- links a trabajos, artistas y colectivos:  http://evolution-control.com/ http://www.billboardliberation.com/partners.html http://www.guerrillagirls.com/ http://www.revbilly.com http://www.rtmark.com/ http://www.joeyskaggs.com/ http://iconoclasistas.com.ar/ http://www.hactivist.com http://www.yesmen.org --- publi http://antiadvertisingagency.com/category/projects/light-criticism http://graffitiresearchlab.com/ http://www.adbusters.org http://www.billboardliberation.com/partners.html (lista de links aquí también) ____ algunas fotos del gac, el grupo de los escraches en argentina) pero no encontré  mucha info si alguien encuentra más que me lo envíe, por fa) http://hemi.nyu.edu/cuaderno/politicalperformance2004/totalitarianism/WEBSITE/totalit_images.html la animación &quot;big brother state&quot;: http://www.huesforalice.com/bbs/   ____________________________________________________  VIDEOJUEGOS de los que hablamos en clase:  http://www.stopdisastersgame.org/scores.php http://www.kumawar.com   http://www.secondlife.com/  vídeos hechos con videojuegos: http://www.machinima.com tabién podréis encontrar tutoriales de cómo hacer los videos en second life y otros. (en inglés, claro) ___________________________________________________  ARCHIVOS DE VÍDEO EN INTERNET:  copyleft y archivos públicos: http://www.archive.org/index.php http://submediatv.com/   arte: http://www.ubu.com/film/index.html apropiacionismo: http://www.illegal-art.org/video/index.html  festival de cine digital: http://www.bitfilm.com/festival/     comerciales: http://www.dailymotion.com/ http://www.mefeedia.com/ http://es.youtube.com/  REcursos para video jockeys: http://www.channel4.com/learning/microsites/I/ideasfactory/pixnmix/candy_jar.html  REcordar, lo mejor para bajar vídeos son las redes p2p: te descargas un programilla como este: http://azureus.sourceforge.net/ Luego buscas las &quot;semillas&quot; que son direcciones de internet que encontrarás en páginas como:  cine de autor- alternativo o dominio público: http://www.cinema-obscura.com http://www.meganova.org http://www.alterati.com/ http://publicdomaintorrents.com/  contenido político: http://onebigtorrent.org/  de todo un poco y cosas más comerciales: http://thepiratebay.org http://torrentspy.com  para encontrar subtítulos: http://www.opensubtitles.org/es">http://www.d-i-n-a.net/influencers/06/es/cache/guerrilla.PDF</a></p>
<p>El colectivo Wu Ming entrevista a los autores del libro un tiempo después:</p>
<p><a href="http://www.antimilitaristas.org/article.php3?id_article=2731" target="_blank">http://www.antimilitaristas.org/article.php3?id_article=2731</a></p>
<p>Un buen resumen de los compas de Rosario en Argentina bastante centrado en las cuestiones artísticas:</p>
<p><a href="http://www.liminar.com.ar/jornadas04/ponencias/caiazza.pdf" target="_blank">http://www.liminar.com.ar/jornadas04/ponencias/caiazza.pdf</a></p>
<p>Un trabajo on line sobre el libro:<a href="http://es.wikibooks.org/wiki/Pisolog%C3%ADa_Social_de_la_Comunicaci%C3%B3n/D4a" target="_blank"></a></p>
<p><a href="http://es.wikibooks.org/wiki/Pisolog%C3%ADa_Social_de_la_Comunicaci%C3%B3n/D4a" target="_blank">http://es.wikibooks.org/wiki/Pisolog%C3%ADa_Social_de_la_Comunicaci%C3%B3n/D4a</a></p>
<p>Sobre nombres múltiples:</p>
<p><a href="http://www.lutherblissett.net/archive/170_sp.html" target="_blank">http://www.lutherblissett.net/archive/170_sp.html</a></p>
<p>Sobre la tergiversación (del archivo de situacionismo hispano): <a href="http://sindominio.net/ash/is0303.htm" target="_blank">http://sindominio.net/ash/is0303.htm</a></p>
<p>Media alternativos y cultura open source / copyleft mediactivismo:<br />
<a href="http://sindominio.net/afe/dos_mediactivismo/index.htm" target="_blank">http://sindominio.net/afe/dos_mediactivismo/index.htm</a></p>
<p>Links a trabajos, artistas y colectivos:</p>
<p><a href="http://evolution-control.com/" target="_blank">http://evolution-control.com/</a><br />
<a href="http://www.billboardliberation.com/partners.html" target="_blank">http://www.billboardliberation.com/partners.html</a><br />
<a href="http://www.guerrillagirls.com/" target="_blank">http://www.guerrillagirls.com/</a><br />
<a href="http://www.revbilly.com" target="_blank">http://www.revbilly.com</a><br />
<a href="http://www.rtmark.com/" target="_blank">http://www.rtmark.com/</a></p>
<p><a href="http://www.joeyskaggs.com/" target="_blank">http://www.joeyskaggs.com/</a></p>
<p><a href="http://iconoclasistas.com.ar/" target="_blank">http://iconoclasistas.com.ar/</a></p>
<p><a href="http://www.hactivist.com" target="_blank">http://www.hactivist.com</a><a href="http://www.yesmen.org" target="_blank"></a></p>
<p><a href="http://www.yesmen.org" target="_blank">http://www.yesmen.org </a></p>
<p><a href="http://yomango.net/" target="_blank">http://yomango.net/</a></p>
<p>Antipublicidad, diseño, graffiti:</p>
<p><a href="http://antiadvertisingagency.com" target="_blank">http://antiadvertisingagency.com</a><br />
<a href="http://graffitiresearchlab.com/" target="_blank">http://graffitiresearchlab.com/</a><br />
<a href="http://www.adbusters.org" target="_blank">http://www.adbusters.org</a><br />
(Aquí encontraréis una lista interesante)<a href="http://www.billboardliberation.com/partners.html" target="_blank"> http://www.billboardliberation.com/partners.html</a></p>
<p>Algo de material del Grupo de ARte Callejero de Argetina:</p>
<p><a href="http://hemi.nyu.edu/cuaderno/politicalperformance2004/totalitarianism/WEBSITE/totalit_images.html" target="_blank">http://hemi.nyu.edu/cuaderno/politicalperformance2004/totalitarianism/WEBSITE/totalit_images.html</a></p>
<p>VIDEOJUEGOS críticos:</p>
<p><a href="http://www.molleindustria.org/" target="_blank">http://www.molleindustria.org/</a></p>
<p><a href="http://www.stopdisastersgame.org/scores.php" target="_blank">http://www.stopdisastersgame.org/scores.php</a></p>
<p>vídeos hechos con videojuegos:<br />
<a href="http://www.machinima.com" target="_blank">http://www.machinima.com</a></p>
<p>ARCHIVOS DE VÍDEO EN INTERNET:</p>
<p>copyleft y archivos públicos:<br />
<a href="http://www.archive.org/index.php" target="_blank">http://www.archive.org/index.php</a><br />
<a href="http://submediatv.com/" target="_blank">http://submediatv.com/</a></p>
<p>En esta lista hay muchos de mis favoritos, por desgracia faltan muchos interesantes. Por favor, si quieres recomendar alguno, no dudes en dejar tu contribución. Gracias!</p>
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		<title>tesina completa de antropología: código de la calle y hip hop en los barrios de caracas</title>
		<link>http://islatortuga.wordpress.com/2008/12/08/tesina_complet/</link>
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		<pubDate>Mon, 08 Dec 2008 16:43:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aquí podéis descargar la tesina de antropología sobre la politización del movimiento hip hop caraqueño en el contexto de la revolución bolivariana. Relación de esta cultura juvenil con los códigos manejados por los jóvenes en el barrio y en la prisión.
http://www.scribd.com/doc/8411234/Codigo-de-la-calle-y-hip-hop-en-los-barrios-de-autoconstruccion-de-Caracas

       <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=islatortuga.wordpress.com&blog=4874982&post=77&subd=islatortuga&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><blockquote><p>Aquí podéis descargar la tesina de antropología sobre la politización del movimiento hip hop caraqueño en el contexto de la revolución bolivariana. Relación de esta cultura juvenil con los códigos manejados por los jóvenes en el barrio y en la prisión.</p>
<p><a href="http://www.scribd.com/doc/8411234/Codigo-de-la-calle-y-hip-hop-en-los-barrios-de-autoconstruccion-de-Caracas" target="_blank">http://www.scribd.com/doc/8411234/Codigo-de-la-calle-y-hip-hop-en-los-barrios-de-autoconstruccion-de-Caracas</a></p>
<div id="attachment_79" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><a><img class="size-medium wp-image-79" title="hip-hop" src="http://islatortuga.files.wordpress.com/2008/12/hip-hop.jpg?w=300&#038;h=225" alt="tiuna la gira, foto de piki figueroa" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">tiuna la gira, foto de piki figueroa</p></div></blockquote>
  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/islatortuga.wordpress.com/77/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/islatortuga.wordpress.com/77/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/islatortuga.wordpress.com/77/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/islatortuga.wordpress.com/77/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/islatortuga.wordpress.com/77/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/islatortuga.wordpress.com/77/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/islatortuga.wordpress.com/77/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/islatortuga.wordpress.com/77/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/islatortuga.wordpress.com/77/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/islatortuga.wordpress.com/77/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=islatortuga.wordpress.com&blog=4874982&post=77&subd=islatortuga&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>políticas de representación</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Dec 2008 16:16:10 +0000</pubDate>
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		<title>A los hombre futuros: Brecht</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Oct 2008 19:09:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nu</dc:creator>
				<category><![CDATA[arte y política]]></category>
		<category><![CDATA[ARTE POLÍTICO]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[poesía política]]></category>
		<category><![CDATA[teatro]]></category>

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		<description><![CDATA[I
Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es que no ha oído aún la noticia terrible,
aún no le ha llegado.
¡Qué tiempos éstos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
Ese hombre que va tranquilamente por la calle
¿lo encontrarán sus amigos
cuando lo necesiten?
Es [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=islatortuga.wordpress.com&blog=4874982&post=70&subd=islatortuga&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>I<br />
Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.<br />
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa<br />
revela insensibilidad. El que ríe<br />
es que no ha oído aún la noticia terrible,<br />
aún no le ha llegado.<br />
¡Qué tiempos éstos en que<br />
hablar sobre árboles es casi un crimen<br />
porque supone callar sobre tantas alevosías!<br />
Ese hombre que va tranquilamente por la calle<br />
¿lo encontrarán sus amigos<br />
cuando lo necesiten?<br />
Es cierto que aún me gano la vida<br />
Pero, creedme. es pura casualidad. Nada<br />
de lo que hago me da derecho a hartarme.<br />
Por casualidad me he librado. (Si mi suerte acabara,<br />
[estaría perdido).<br />
Me dicen: «¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!»<br />
Pero ¿cómo puedo comer y beber<br />
si al hambriento le quito lo que como<br />
y mi vaso de agua le hace falta al sediento?<br />
Y, sin embargo, como y bebo.<br />
Me gustaría ser sabio también.<br />
Los viejos libros explican la sabiduría:<br />
apartarse de las luchas del mundo y transcurrir<br />
sin inquietudes nuestro breve tiempo.<br />
Librarse de la violencia.<br />
dar bien por mal,<br />
no satisfacer los deseos y hasta<br />
olvidarlos: tal es la sabiduría.<br />
Pero yo no puedo hacer nada de esto:<br />
verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.<br />
II<br />
Llegué a las ciudades en tiempos del desorden,<br />
cuando el hambre reinaba.<br />
Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía<br />
y me rebelé con ellos.<br />
Así pasé el tiempo<br />
que me fue concedido en la tierra.<br />
Mi pan lo comí entre batalla y batalla.<br />
Entre los asesinos dormí.<br />
Hice el amor sin prestarle atención<br />
y contemplé la naturaleza con impaciencia.<br />
Así pasé el tiempo<br />
que me fue concedido en la tierra.<br />
En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos.<br />
La palabra me traicionaba al verdugo.<br />
Poco podía yo. Y los poderosos<br />
se sentían más tranquilos, sin mí. Lo sabía.<br />
Así pasé el tiempo<br />
que me fue concedido en la tierra.<br />
Escasas eran las fuerzas. La meta<br />
estaba muy lejos aún.<br />
Ya se podía ver claramente, aunque para mí<br />
fuera casi inalcanzable.<br />
Así pasé el tiempo<br />
que me fue concedido en la tierra.<br />
III<br />
Vosotros, que surgiréis del marasmo<br />
en el que nosotros nos hemos hundido,<br />
cuando habléis de nuestras debilidades,<br />
pensad también en los tiempos sombríos<br />
de los que os habéis escapado.<br />
Cambiábamos de país como de zapatos<br />
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos<br />
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.<br />
Y, sin embargo, sabíamos<br />
que también el odio contra la bajeza<br />
desfigura la cara.<br />
También la ira contra la injusticia<br />
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,<br />
que queríamos preparar el camino para la amabilidad<br />
no pudimos ser amables.<br />
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos<br />
en que el hombre sea amigo del hombre,<br />
pensad en nosotros<br />
con indulgencia.</p>
<p>Bertold Brecht es mi autor teatral favorito. Su periplo de huídas por el mundo empezó con la persecución de los nazis por ser Brecht un comunista convencido hasta que volvió a la Alemania, bueno, a una parte de ella, convertida ya en la RDA. Sus aportaciones al teatro de vanguardia fueron muchas, pero sobre todo fue su teoría y práctica teatral contra la dramática aristotélica la que puede darnos pistas todavía hoy sobre maneras de enfrentarse a la generación de escena o imagen para la transformación social. Para saber más  buscad en &#8220;Escritos sobre teatro&#8221; o en recopilaciones de sus textos.</p>
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