Historia de vida de Doggy
Caracas febrero 2008
Doggy tiene 32 años, vive en el barrio de La Vega. Es moreno de piel, delgado y fuerte. No viste como rapero, bueno, a veces lleva gorra, pero ni siquiera de lado. Forma parte del grupo de hip hop conciencia Área 23, junto con Chamán, Franco y Máster. Todos trabajan para Ávila TV, donde Doggy elabora noticias para “Caracas, Directo”, un noticiero metropolitano.
Incluyo el texto completo de su historia de vida y un tema suyo porque considero que resume muy bien algunas cuestiones esenciales para comprender los “valores subculturales” del hip hop en Caracas y su relación con la revolución bolivariana.
música, una composición de Doggy
título: dicen
La muerte para mí / se ha convertido ya en un chiste / los buenos sentimientos / en mi mente ya no existen / la compasión / sólo es pérdida de tiempo / y mucho más claro que el agua / así expreso lo que siento / con menos de 10 años / entré a esta selva de cemento / y comprendí que si eres pobre / lo que te sale es excremento / pura mierda es lo que he visto / y así que si esto es el infierno / ya estoy listo, socio / son muy pocas las personas / que dan un trato cordial / lo que siempre es persistente / es el rechazo social / si haces algo bueno / para el mundo eso es normal / si cometes un error / ya eres otro criminal / un recuerdo imborrable / de mi mente fue mi infancia / las pistolas, mariguana / y caminar con arrogancia / en la escuela donde estuve yo / era el único ladrón / porque era pobre era de un cerro / y tenía cara de huevón / a veces iba a clase / burda de asustado / porque era menos el tiempo de clase / que el que pasaba castigado / algo como esto / es lo que pasa en la vida / el ser de barrio te corta el paso / por las grandes avenidas / todas estas cosas / dieron un vuelco en mi mente / desde muy pequeño / aprendí a ser delincuente / las cosas que quería / debía tenerlas por la fuerza / andaba por la calle / con una arrechera inmensa / por eso es que la muerte / a mí me causa risa / me da lo mismo morir lento / que morir deprisa
dicen que más vive
el que es más fuerte
yo pienso que más vive
el que tiene más suerte (estribillo)
No es lo mismo crecer / con un cuello blanco / que crecer corriendo / con un par de asaltabancos / el hijo de un tigre / siempre nacerá rallado / y a los tipos como yo / quieren tenerlos encerrados / no quieren que digas / lo que siente tu corazón / mucho menos si lo dices / frente al micro-fón / estas son las confesiones / de una persona pobre / que en vez de aprender el juego / aprendió a batir el cobre / por eso es que permito / que la sangre fluya / porque igualmente siempre corro / frente a una patrulla / fueron estas cosas / las que mataron mi nobleza / como ponerle a un hombre / un arma en la cabeza / por una persona adulta / nunca sentiré tristeza / corren a un niño con hambre / tomándose una cerveza / esta vida si te enseña / a recibir coñazos / pero tú eres el malviviente / si devuelves el carajazo / por eso existe la droga / por eso existen las armas / para mantener tu cuerpo / aunque pierdas tu alma / mucha gente al vivir / le resta importancia / porque al corazón de un barrio / nunca están las ambulancias / así es que me he criado / con tanta malicia / porque para los pobres / nunca llega la justicia / y morirse de hambre / son tantos los que he visto / aunque por este asunto / fue que vino Jesucristo / para librar a todos / de los malos pensamientos / y parece que su esfuerzo / se ha marchado con el viento / son tantas las conclusiones / a las que he llegado / que me confieren el poder / para dejar este legado / de mi clase social / siempre estoy atento / me da igual morir suave / que morir violento
Estribillo
Mirando hacia el cielo / me ha tocado dormir / esperando la lluvia / que se ve venir / pensando tantas cosas / para subsistir / lo que nunca he pensado / es como dejar de existir / pero la rabia sigue / porque no existe la igualdad / y en mi mente crece y crece / cada día más maldad / hoy en día me pregunto / por qué me tocó la calle / y me doy cuenta / para que escriba / todos los detalles / aunque yo los escriba / nada cambiaría este mundo / yo seguiré siendo la rata / del malandro inmundo / esto no es todo compañero / esto lo vi solo en mi infancia / cuando a penas era un niño / repleto de ignorancia / pero hoy en día es diferente / porque el tiempo pasa / me da lo mismo morir en la calle / que morir en casa.
historia de vidaYo salí de mi casa, por primera vez con ocho años, casi los nueve, con un tío mío. Él lavaba carros en un esquina de El Paraíso. Mi tío lavaba carros en la esquina de toda la gente que trabajaba ahí, y un día yo me fui con él. Pero preferí inventarme una cajita con cremas y cepillos, para lavar zapatos.
Resulta que mi mamá trabajaba en una fábrica de camisas, que se yo, de ropa. Pero ella lo que hacía simplemente era plancharlas. Entonces, no tenía una profesión definida, ni nada. No ganaba un sueldo mínimo. Y eso no alcanzaba más que para comer, y si acaso. Mi mamá vivía sola, yo no conocí a mi papá. Pero mi mamá había vivido con otras personas, otros tipos. En total somos cinco hermanos.
A todo esto yo estaba muy chamito (pequeño), las necesidades eran muy visibles. Todo era costoso, era casi imposible de alcanzar. Para una persona que vivía en la condición de un cerro, en un rancho de latas y cartón…todo se le hacía muy lejos, muy difícil de alcanzar. Pero yo igual era un niño y veía tv, pues, y quería cosas, carritos, bicicletas, controles remoto, nintendo…a las cuales no podía acceder porque no teníamos el ingreso, mi mamá mucho menos. De hecho, mi tío ayudaba mucho a mi mamá y me quería mucho, tanto como un hijo y me llevaba con él a hacer cosas, a que viera, todo ese tipo de cosas. Ya a los ocho años me enseñó a limpiar zapatos, y a agarrar mis primeros centavos con mis propios medios. Y de ahí se inicia mi historia: a caminar El Paraíso, a limpiar zapatos en todos los restaurantes, en todas las reencauchadoras que hay por ahí, a conocer también el hambre, porque no había mucho con qué comer.
Entonces todo se basaba en un plato mínimo, una arroz con mantequilla y grano sin carne ni nada. O simplemente grano o simplemente arroz…cosas como esas. Muchas limitantes alimenticias. Y como, a veces uno ve Macdonals y quiere comerse una hamburguesa… ¿entiendes? Pero no tiene cómo y es duro, pues, y provoca. Cuando es niño uno es más antojoso que nada.
Y lo cierto es que pude hacer dinero limpiando zapatos, fui creciendo en El Paraíso, conociendo a otros niños en mis mismas condiciones, tal vez un poco más grandes que yo, más maliciosos que yo, en otro sentido, o también con más experiencia que yo en la calle. Y viví también muchas cosas, peleas o me robaban la caja de zapatos. Muchas veces tenía que partirle la cara a alguien con lo que tuviera en la mano, porque si no, me robaban a mí también, me jodía, y tenía que defenderme, pues, ese tipo de cosas.
Me la pasaba con un primo mío que hacía lo mismo que yo, se integró después que yo, pero también salió a hacer lo mismo, y vivimos muchas experiencias juntos, y con el paso del tiempo también fui trabajando con otras personas, haciendo otro tipo de cosas: mandadero en una recauchadora y también aprendí a bajar caucho, a repararlo, a montarlo otra vez, a cambiar el aceite, ese tipo de cosas, a los 12 años.
Empecé en el hip hop como a los 16 años. En un programa vi a por primera vez a alguien que soltaba rimas y a mí eso me explotó la cabeza y me la revolvió. No conocía a nadie que hiciera eso y en algunos momentos pensaba que estaba loco, porque algo me molestaba por dentro, algo me impulsaba a decir cosas, y escribir cosas, me paraba de madrugada a escribir cosas y me volvía a dormir. Escribía algo y me quedaba dormido. Pero no entendía que era rima, como no estudié… Yo empecé a estudiar como a los 10 años, en primer grado, ya de mayor. Y eso como favor de un profesora a mi mamá y luego dejé de estudiar. La primaria la hice después, pero ya de grande, porque si no la tienes no puedes trabajar en nada. Entonces se me despertó esa necesidad de crear rimas, pero nunca lo vi como hip hop, como rap, como poesía. Era algo que me estaba sucediendo y no entendía qué era, pero sabía que podía hacerlo, pues. Y en algún momento en el callejón donde vivo comencé a rapear. A los chavalitos que se la pasaban conmigo les rapeaba cosas, se echaban a reír y nos íbamos corriendo a hacer otra cosa.
Pero fui creciendo un poco más, conocí armas, desde muy chamito, como a los 9 años conocí la droga. El bazuco, pega de calzado, parecido, es un polvo como lo que es la piedra (crack) hoy en día. Algo que consume al ser, que te lleva a la indigencia. Y ya no te importa nada, lo mismo que hace la piedra. Conocí la cocaína cuando tenía 12 años. Cocaína, bazuco, mariguana, aunque la mariguana pa mí siempre fue otra cosa. Cuando estaba drogado realmente no consumía mariguana, porque me ponía a hacer otra cosa y a pensar demasiado, ¿entiendes? Y la droga, la que utilizaba eran pastillas: Diazepam, Rufinol…infinidad de pastillas. Esas que siempre están en la casa y que le mandaban a mi abuela. Para que coloquen se mezclan con alcohol. Yo se las robaba y empecé a drogarme con pastillas, fumaba bazuco. Y esto me llevó a un punto muy crítico, porque me llevó a vender mis zapatos, a robarle a mi mamá, a robarle a todo aquel. Y a robar en la calle, a andar armado, a caerme a tiros.
Tenía en ese entonces como 13, 14 años. Ya cuando yo tenía 14 años tenía una banda, una banda de chamos que andaba atrás mío, y creían en mí. Chamos que yo les decía: -Mira, vamos a robar ese carro porque ese trae plata, chicos. Y efectivo, robábamos el carro o lo que fuera, y teníamos plata, y todos teníamos plata…y dejábamos de robar por ese momento, porque todos teníamos y podíamos beber, fumar, drogarnos, comer y joder en el cerro. Pero también me llevó a ser muy mala conducta y mucha gente me quería matar. Me metí en muchos problemas y siempre me venían a buscar a caerme a tiros, y ese tipo de cosas.
Los chamitos que me seguían creían en mi y se tripeaban (disfrutaban) el andar conmigo porque yo sí le metía pecho (era valiente). Yo agarraba una pistola y me salía pa’lante. Si había gente detrás de mí, no había nada que me detuviera. Y aunque no hubiera gente detrás de mí, no había nadie que me detuviera.
En aquellos tiempos llevar un arma era todo. Era el poder. Era llevar la batuta. Yo manejo esto aquí, y no puedo soltar el arma, porque ya me vieron armado. Y el que me vea desarmado, o sin estar atento, pues, cuidado, me van a matar, a quitarme el arma, así no la tenga encima. O porque le eché unos tiros cuando se metió pa’llá pá mi sector, o me le metí yo pá su sector y les quité los zapatos a todos sus hermanos, los robé. Tener un arma es una batuta, una varita mágica, tin, tin, tin. Era todo, pues. Y todos querían tener un arma. Y sí había quienes te daban las armas, porque tenían este tipo de cultura, también. Personas mayores que habían ido robando porque tenían este mismo tipo de cultura, porque la sociedad ha sido la misma desde cualquier tiempo recordable, o memorizable. El malandreo está en la cultura, pero para mí el más malandro es el que tiene más rayas, entiendes, así me lo dijeron en el ejército. El más malandro es el que tienes más rayas, más jerarquía. Y el que tiene más jerarquía entre los malandros son los cuellos largos, los que manejan el dinero en masa, pues. Y a mí no me gusta cómo ellos hablan, ellos hablan en números, en matemáticas en cuentas, sin importar la vida, pues. Porque cuando yo soy malandro y ando con otra persona, por los menos yo le cuido la vida por un rato, ¿entiendes?, y él me cuida la vida por un rato. Somos socialistas.
A todo esto yo seguía viviendo con mi mamá, pero a los 16 años me empaté (junté) con una tipa mucho mayor que yo y nos pusimos a vivir juntos. Entonces un día fueron a buscarme para matarme y ese tipo de cosas, y me fui de ahí. Pero ya tenía esa espina por dentro de lo que es el hambre, la droga, las armas, la vivencia en el barrio, en el cerro, de lo que es vivir en Caracas, o sobrevivir a las circunstancias de la vida. Del que tienes hambre y estás frente a veinte restaurantes, ¿entiendes?. Y que cuando haces el intento de conseguir algo de comida todos te sacan a patadas, te corren, te mandan preso, te agarran así y te amarran en una vaina (algo) hasta que llegue un policía, por pedir comida. A veces no me daban comida y me metía así, pan, pan. Al que veía con la pieza de pollo más grande, se la quitaba y salía corriendo. Me comía mi pieza de pollo. No me importaba nada, llegaba la policía, me metía coñazos, me golpeaban, pero después me dejaban ir. Ya estaban satisfechos y me iba yo a robar otra vez. Y yo andaba con rabia, así, en la calle. Entonces, mis facciones, mi color, mi forma de ser para la sociedad no son muy gratas.
Entonces salía a la calle siempre con mala intención. En Montalbán (urbanización de clase media) me robaba las bicicletas. Le quitaba las bicicletas a otros carajitos (niños) de allá, que su crianza era muy distinta a la mía, y cuando me veían salían corriendo. Y ni siquiera se la quitaba así a lo malo. Me veían cerca, las soltaban y salían corriendo y yo me llevaba mi bicicleta tranquilo. Con eso mismo me desplazaba hacia otro lado a robar carteras, que sé yo, un invento toda la vida.
No había celulares. Me la pasaba con un pitillo (pajita), metiéndole el pitillo así, en la ranura de las cabinas y lograba romperle algo y caían un poco de monedas. Me metía en los salones de videojuegos a gastarme esas monedas. Me metía en las colas de los carros a pedirle plata a los conductores. Inventando mucho, pues, pa lo mismo, pa jugar, pa drogarme. Era un chamo, con muchas vainas a mi alrededor y eso me llevó a errar mucho.
Después conocía a mi jeva (chica) y me fui de aquí a los Valles del Tuí. Fuera de Caracas y fui madurando. Me fui con la que es ahora la madre de mi hijo, aunque estemos separados y aprendí muchas cosas de la vida. Por ejemplo, a hacer un rancho con mis propios medios; cómo pelear con la guardia cuando te lo va a tumbar. Aprendía a trabajar en fábricas, a falsificar documentos de estudio para poder entrar a trabajar como obrero. Aprendí un montón de cosas, pero sí ganaba dinero, pues. Me puse a trabajar en un fábrica de lunes a viernes y sábados y domingos atendía en un puesto de hamburguesa cerca de un mercado.
No fue que dejé de delinquir, empecé a trabajar, pero tenía esa malicia. Igualito me robaba metros de material de lo que hacía en la fábrica. Igualito buscaba la manera de tener esa comodidad que te venden siempre por tv. Porque lo que nunca falta en una familia, por muy pobre que sea, en Venezuela, es un televisor. Siempre hay uno así, que es una cucaracha, que es accesible. Y nunca falta en una casa ese bendito aparato. Entonces, claro, hay cosas que uno quiere. –Oye, dvd, vhs, cuatro cabezales, detiene la imagen, retrocede– todo este tipo de cosas las quería tener yo también y buscaba ese ingreso extra, que es el que te da las comodidades. El ingreso legal es una mierda, te da para sobrevivir y si acaso. Pero debes mantener una figura legal en la sociedad, entonces debes estar trabajando porque si no, te metían preso por vago, vago y maleante. Había una ley que se llamaba así de “vagos y maleantes”. Tienes que trabajar a juro (como sea), pero como el trabajo no te da las comodidades y tú las necesitas, las buscas de la manera que sea.
Estuve preso, pero de menor. Gracias a Dios nunca he caído en una cárcel grande. Pero sí las he visitado y he visto a su gente y esa gente que vive allá adentro es la gente que vive en los cerros.
Siempre piensas que tú no vas a caer, piensas: –Ya este fulano me dijo cómo es el asunto, ya yo sé que no debo cometer ese error, y ahora sí, mi plan está perfecto–. Resulta que no es así y tú te ves en prisión de repente. Lo peor de todo es que cuando estás allá adentro no existen amigos, no existen amores, no existe nada. Solamente los verdaderos son los que se atreven a ir al sitio a verte. Y esos verdaderos es tu mamá, en algunos casos, si lo tienes, es tu papá, y en la mayoría de los casos, si lo tienes, tu bebito.
Pasan muchas cosas y todas esas experiencias te dan muchas perspectivas de la vida y está de tu parte hacer cosas. O si quieres convertir tu vida en etapas o si quieres que tu vida sea una sola etapa eso te ayuda a concluir, y a razonar más y a comparar: me pasó esto con esto; casi me matan; fui a prisión; casi me matan… No quise perder la vida y tuve que ceder algunas cosas. En la calle, igual, como por ejemplo irme a otro sitio. Entonces, preservar la vida de esa manera es una de las primeras conclusiones que uno asume, a valorar la vida.
Y ahora se pone en marcha el conocimiento de calle, tengo que patear la calle, buscar trabajo, ser gente, no quiero tener más armas, quiero tener mi familia, quiero vivir en una casa mía. Quiero todo lo que quiere toda persona, pero sin la educación era imposible conseguirlo. Y la educación para entonces era muy costosa y era imposible entrar a un liceo público porque estaban hasta la médula de gente, con cupos reservados por toda la secundaria y si podías estudiar era pagando un parasistema. Un parasistema es que en un lapso de dos o tres años sacabas el bachillerato completo, algo que normalmente es de cuatro a cinco años. Pero era demasiado dinero, tienes que comer y tratar de ser gente, socialmente hablando. Me decidí, bueno, no voy a estudiar más. ¡Para el coño’la madre! No me quiero educar ya para un sistema que no está acorde con mi condición social. Soy un pobre que no puede alcanzar nada porque todo cuesta, no tengo una educación que me permita acceder a lo que cuestan las cosas… ¡De alguna manera tengo que vivir, vale. No me pueden echar ahí al olvido como si fuera una mierda de perro en una escalera.
De alguna manera uno quiere como que surgir, hacerse notar y ahí toca a las puertas de mi vida el hip hop, donde me doy cuenta que puedo rapear. De que tengo esto de hace rato, pero era una herramienta que no sabía que existía como herramienta. Y me di cuenta que sí era una herramienta, de que podía decir cosas, hacer denuncias. Y todo esto a todo esto a un nivel revolucionario, que me podía comprometer con la sociedad, porque si me agarraba un policía diciendo: –Eres un mierda, me daban una coñaza increíble. Pero yo les decía: –Ustedes son la mierda. Ustedes me agarran, me matraquean, me coñacean, y me sueltan pá que siga robando, pá volverme agarrar y matraquearme de nuevo.
Entonces en muchos casos me agarraban policías con alguna fechoría, pues. Me robé una cartera, o algo por ahí, y tenia en mi bolsillo treinta mil bolívares (doce euros). Eso era un platero, un dineral. Me agarraba un policía con treinta mil bolívares. Y yo no podía tener treinta mil bolívares, porque mi condición social no me lo permitía. –De dónde coño lo sacaste, ¡tú eres ladrón! tam. Ven pá acá. Te voy a quitar veinte y te voy a dejar diez pá que te vayas. Tú eres ladrón, y dime que no. Dime que no….pam, pam. –Entonces eres distribuidor de droga, porque tenías esta bolsita de cocaína encima. –¿Cómo te defendías tú?
Ahorita ha cambiado la cosa, porque he madurado demasiado (mucho), y hablo con los policías de tú a tú. La matraca es la misma. Pero hoy en día tengo la madurez para hablar con un policía de tú a tú, y decirle: –Sí, fumo mariguana, pero no robo, ni ando cometiendo fechorías. Trabajo legalmente–. ¿Sabes cuándo se muerden más? Cuando les digo que trabajo para un canal de televisión y se obstinan más, pero se sienten impotentes, porque yo era el malandrito al que ellos podían quitarle todo cuando quisieran, pero esta vez no. Y de echo, aquí no la cargo, pero normalmente cargo encima mi constitución. Y cuando los policías me quieren cargar algo, les digo: –¿Dime dónde está eso en la constitución? para yo aceptarlo y no llamar a un abogado y cargarme en pedo contigo, chico– Aunque hoy en día no necesito plata para poder defenderme, conozco mucha gente, he crecido, y muchas de las personas que he conocido por el camino de mi vida hoy en día por casualidad, tienen cargos o políticos o comerciales arrechísimos (buenísimos), conozco muchos tipos de personas.
También actualmente la revolución ha cambiado muchísimo a Venezuela, aunque no lo queramos ver así, y me siento cada vez más comprometido con lo que hago, porque desde un principio no lo quise ver así. Al principio no lo quería ver como política, porque yo me creía era un artista, un músico, un artista urbano. No quería aceptar que mi vida también se basaba en política, no quería verlo de esa manera, hasta que bueno, lo pude entender cuando aparece Chávez en el 92 y todo este tipo de cosas, que me di cuenta y dije: –Oye, mi vida tiene mucho que ver en esto, porque este tipo me está diciendo que el presidente que está no sirve pá una mierda, porque hubo un saqueo, porque decidimos saquear toda la vaina, porque nadie podía tener nada, porque todo era muy costoso, porque subieron los precios…entonces los pobres no teníamos luz (dinero) para nada, y yo reclamaba ese tipo de cosas. Cuando aparece Chávez ratificando esos pensamientos que tenía yo, yo digo: –Nada, mi vida se basa en la revolución, y la revolución no es más que política, pero política de vida, de existencia, de igualdad, de muchos aspectos.
Con el hip hop yo me jacto de ser una de los pioneros ahí estaba en los próceres cuando nació y en los primeros toques. Poco a poco nos fuimos conformando como grupo Área23, porque empezamos en el “23 de enero”.
Ahora estamos surgiendo y yo estoy apostando por Ávila, como los muchachos (los de su grupo) y estamos dando toques en muchos sitios. Lo que quiero es vivir sin mi familia, tuve que volver cuando me separé de mi chama, pero no me llevo muy bien con ellos, piensan que eso del hip hop es de malandros. Sueño con un sitio para mí y poder estar con mi chamito. (Tiene un niño pequeño.) Y con el hip hop, claro, esa es mi vida
